Wainstein: Atacar a artistas por sus elecciones políticas es “de índole fascista”

Mariana Wainstein

Cultura

Estaba en Israel, pero desde allá siguió muy de cerca la campaña electoral pasada, los dardos cruzados, los cruces dialécticos. Antes, en 2014, se tomó el trabajo de estudiar como motivo de tesis las implicancias del teatro y el histrionismo en la comunicación política. La eligió Pablo Da Silveira como su directora nacional de Cultura y no lo dudó.

Mariana Wainstein (55) dice que viniendo de la cultura y no siendo de izquierda, muchas veces ha reflexionado acerca del mentado relato que une inextricablemente a la cultura con una “sensibilidad de izquierda”. Wainstein es clara: ella no vino a cambiar un relato por otro, vino a “hacer las cosas bien”.

Y cuestiona, desde sus valores, una “superioridad moral” de la que se jacta parte de la izquierda. “Si un político dice: ‘Si es de izquierda no es corrupto’ (como dijo Raúl Sendic en 2016), es lo que te decía: la superioridad moral de la izquierda. (…) Si tú ves la historia de la izquierda y la historia de los gobiernos de izquierda, están alejados de una superioridad moral impoluta, están alejados de no haber violado los derechos humanos, están alejados de no haber tenido corrupción. O sea que en realidad, hay buenas personas y malas personas, personas honestas y personas no honestas, y por ese lado uno busca los aliados: donde están los honestos, los que quieren trabajar y sacar adelante este país”, sostiene.

Wainstein explica los dolores de cabeza que le ha dejado a su dirección y al colectivo de artistas la pandemia -y con ella la inactividad de las expresiones artísticas, pero pide no dramatizar. “En vez de trancar, trancar, trancar, dejemos que fluya. Estamos revisando los protocolos para mejorarlos, y pronto podemos pasar a la fase 2”, que implicará un aforo mayor al 30% de ocupación actual, dice.

“Hemos puesto de pie los cinco institutos en la LUC: el Instituto Nacional de Música, el Instituto Nacional de Letras, el de Artes Escénicas, el de Artes Visuales, y el de Cine, que ya existía de derecho. A través de esos institutos queremos mejorar la gestión, hacerla más eficiente, llegar a todo el país y también tener fondos de fomento para todas las áreas. Y el dinero es parte de la ecuación, hacer arte no es gratis”, apunta, mientras se discute la Ley de Presupuesto. “En toda una torta, el presupuesto de la cultura es una línea imperceptible”.

-¿Qué quería ser de grande cuando era chica?

-Durante mucho tiempo quise hacer medicina, incluso entré a la facultad y pasé el examen de ingreso. Después me fui a vivir a Israel y dejé, porque es muy complicado allá. Había que hacer el Ejército primero. En el medio empecé a tener alguna experiencia en teatro, y entré a Facultad de Artes de la Universidad de Tel Aviv.

-Es licenciada en Artes Escénicas, diplomada en gestión cultural, estudió cine, y tiene un Máster en liderazgo y comunicación política. ¿Qué le tira más? ¿Se siente qué?

-Todo lo que estudié tiene que ver con mi curiosidad, ese entusiasmo por seguir estudiando. Y todos esos temas que estudié tienen mucho que ver, porque el teatro tiene que ver con la comunicación política, entonces me sentí cómoda estudiando liderazgo y comunicación política en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense (de Madrid) y al otro año hice otro Máster en estudios avanzados en comunicación política y empecé un doctorado, que no terminé. Y elegí mi tema: analizar aspectos del teatro en la política, el espectáculo político, cómo se prepara un político, qué recibimos como ciudadanos cuando se enciende la televisión.

-¿Cuánto hay de cierto y cuánto de mito en aquello de que “los uruguayos somos cultos”? A juzgar por los resultados de aprendizaje en el sistema educativo, parece una frase que perdió vigencia hace tiempo…

-Yo crecí escuchando que Uruguay tenía el 98% de alfabetización. Pasa que después entró a tallar la tecnología y cambió la noción de alfabetización. Lo que tenemos los uruguayos es que siempre nos comparan con la región, y en algunos momentos nos comparamos con el primer mundo. “Descendemos de los barcos”, dicen.

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“Para mí la única hegemonía que me resulta válida es la hegemonía de la libertad. Cuando escucho hablar de hegemonía, pienso en autoritarismo, pienso en aquellas sociedades que quisieron utilizar a la cultura como un medio, no como un fin”

Mi impresión es que somos cultos porque la cultura forma parte de nuestra vida. Ahora, si me preguntás si hubo un deterioro en esa participación de la cultura en la vida de la gente, yo creo que sí. Antes ibas al interior y en pueblitos donde había un cine, ahora no hay o antes había una biblioteca y ahora no hay más una biblioteca. Cuando me preguntan qué hace la Dirección Nacional de Cultura, para qué sirve, yo digo: llevar mucha cultura a todo el territorio nacional. ¿Por qué? Porque esa actividad cultural le hace mucho bien a la gente. Una manera de visualizarlo es pensar qué pasaría si no existiera. Cuando vas a un pueblo que no tiene ni un cine ni una biblioteca ni dos lugares para tomar un café, no es lo mismo, te da cierta tristeza.

-El 28 de mayo el comunicador y filósofo Facundo Ponce de León publicó una muy comentada columna en Búsqueda a propósito de lo que llamó “La caída del relato”. Ahí decía que la izquierda había perdido la hegemonía que se arrogaba en los campos de la solidaridad y la ciencia y se habría una incógnita respecto a la cultura. Decía él que en tres meses este gobierno por lo menos interpeló el concepto de “sensibilidad de izquierda”. Facundo decía ahí que el vínculo es indudable, pero se preguntaba por qué se volvió hegemónico. ¿Qué reflexión le merece esta discusión?

-Siendo de la cultura y no siendo de izquierda he reflexionado muchas veces sobre el tema. En lo personal nunca sentí la hegemonía de nadie, ni queremos cambiar una hegemonía por otra hegemonía. Para mí la única hegemonía que me resulta válida es la hegemonía de la libertad, de que cada uno vaya por donde considere y que la cultura si no es en libertad no existe. Desde mi cosmovisión cuando escucho hablar de hegemonía, pienso en autoritarismo, pienso en aquellas sociedades que quisieron utilizar a la cultura como un medio, no como un fin.

-¿Es un relato falaz ese que si pertenecés a la cultura, tenés que ser de izquierda?

-Yo no lo puedo sentir así, porque no puedo unir lo que para mí es la izquierda con lo que para mí es la cultura. Yo separo de la filosofía política de cada uno de la actividad cultural. He trabajado con gente de todas las ideologías y en el momento de trabajar en algo, por un proyecto, por una idea, uno se une por mil temas y no por el tema de la filosofía política. Existe un relato, pero yo no me siento parte de ese relato, ni estoy acá para cambiar el relato. Estoy acá para hacer las cosas bien. Y creo que si se hacen las cosas bien, mucha de la gente que cree que hay una hegemonía de la izquierda va a darse cuenta que no era una explicación lógica. Lo que la gente quiere es que las cosas se hagan bien: que el dinero (que hay poco) rinda, que se hagan eficientemente los proyectos, y que haya más cultura en más lugares de este país.

Tampoco me gusta generalizar a toda la gente de izquierda. Hay algo muy poco valioso en mi jerarquía de valores que es la superioridad moral de la izquierda. Pero yo no considero que todas las personas de izquierda crean que hay una superioridad moral de los que son izquierdistas. Si un político dice: “Si es de izquierda no es corrupto”, es lo que te decía: la superioridad moral de la izquierda. (NdeR: se refiere a la frase del entonces vicepresidente Raúl Sendic, quien dijo: “Tenemos que estar atentos al virus de la corrupción y el acomodo porque yo no creo que haya corrupción de izquierda. Si es de izquierda no es corrupto, y si es corrupto no es de izquierda”, agregó en el 2° Encuentro Internacional de la Izquierda Democrática en México, en enero de 2016).

También se ha dicho que no se puede ser feminista si no sos de izquierda o no podés ser artista si no sos de izquierda… La superioridad moral no la tiene ni la izquierda ni la derecha, y en el mundo y en la historia de la humanidad, si tú ves la historia de la izquierda y la historia de los gobiernos de izquierda, están alejados de una superioridad moral impoluta, están alejados de no haber violado los derechos humanos, están alejados de no haber tenido corrupción. O sea que en realidad, hay buenas personas y malas personas, personas honestas y personas no honestas, y por ese lado uno busca los aliados: donde están los honestos, los que quieren trabajar y sacar adelante este país.

-Bueno, en campaña electoral un colectivo de artistas y músicos se manifestó a favor de Daniel Martínez en el balotaje, y ni que hablar el vínculo del carnaval y la izquierda como carne y uña… ¿Cree que tendrá que dar batalla para desmontar ese relato?

-No. La verdad que siento que cuando los relatos son débiles, se caen.

-Hace unos días se dio un diálogo entre el abogado Pablo Cabrera, militante del Frente Amplio, y la actriz Brenda Accinelli, en Facebook. El primero dijo: “Yo supongo que ningún actor/actriz votó a este haaarmoso (sic) gobierno, ¿no” y Accinelli nombró a Juanse Rodríguez, Selva Pérez, a Natalie Yoffe y “tengo mis dudas con Carolina Cancela”, dijo. “Debe haber más. Hay que buscar y tener en cuenta para no llamarlos”, agregó Accinelli. Y tanto Selva Pérez como Natalie Yoffe reaccionaron y denunciaron una “lista negra”. “Mi trabajo se tiene que medir como cómo soy como actriz y no por quién voté. Las listas (de personas) prohibidas eran muy comunes en otras épocas o en países con régimen totalitario. Estamos en democracia”, escribió Pérez…

-Leí todo porque el fin de semana pasado me llegó una denuncia de una persona denunciada en esa “lista”… El lunes 3 tuve una reunión con SUA (Sociedad Uruguaya de Actores) por otro tema, por el protocolo, y les dije: “El fin de semana me llegó esta denuncia. Quiero saber la opinión de SUA, porque supongo que si esta gente es socia de SUA será declarada persona no grata, porque esta conducta es por lo menos, nazi. Por lo menos, de índole fascista”. A mí me dio la impresión, por mi conocimiento en el teatro uruguayo, y por lo que hablé con Álvaro Ahunchain (hoy coordinador del Instituto Nacional de Artes Escénicas), y era obvio que estas personas no estaban identificadas con el movimiento gremial del teatro uruguayo. De todas maneras, tenía una responsabilidad porque alguien se sintió atemorizado. Prefiero no decir quién me hizo la denuncia, pero lo habían puesto en una “lista negra”, por más que quienes hicieron esa lista son personas totalmente desprestigiadas… Eso de “no lo llamemos” cuando no son alguien que llame a nadie. Así no funciona el teatro ni ninguna actividad seria.

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“Si tú ves la historia de la izquierda y la historia de los gobiernos de izquierda, están alejados de una superioridad moral impoluta, están alejados de no haber violado los derechos humanos, están alejados de no haber tenido corrupción”

Las redes, también, son un escenario complicado… A mí en lo personal no me hacen daño porque como yo no participo de las redes, no entro en eso. Pero eso de las listas negras no ocurre, no ocurre. Hay dos personas desconocidas en el medio hablando en Facebook…

-Pero a ese episodio de intolerancia le podemos sumar el escrache público que sufrió el cantautor Lucas Sugo por cantar en un acto de Lacalle Pou en campaña, o al músico Nacho Obes por cantar el jingle del mismo candidato, hoy presidente.

-La música es parte de nuestra vida y no hay evento público que no tenga música. Es una aberración lo que ocurrió con ellos: ir en contra de la naturaleza humana, de poner música en cualquier evento social y político. No hay evento que no tenga música. Como observadora académica te digo que en época de elecciones todo se polariza y la crispación aumenta. Y los colectivos de artistas, algunos integrantes, entran en esa rosca de señalar con el dedo, y de sentirse perseguidos. Hay intolerancia, sí. También hay una intolerancia desde música que se considera más culta a música que se considera menos culta, respecto a Lucas Sugo. También hay algo de eso.

Yo creo que la izquierda nunca terminó de entender el interior del país… por más que tiene referentes increíbles en la música folclórica del interior y en el canto popular. Pero hasta hoy tengo que explicar por qué somos la Dirección Nacional de Cultura y por qué tenemos planes de ponerle más potencia al tema. Yo creo que el que no entendió los 4.000 caballos acompañando al presidente el 1° de marzo se perdió una parte de esta historia y de dónde estamos en este momento.

-La semana pasada se conocieron los protocolos que permitieron que esta semana, desde el lunes 3, se puedan reabrir teatros, museos y salas de cine, luego de cuatro meses de paralización total. ¿Por qué se demoraron tanto estos protocolos?

-No lo sé. Para mí se demoraron, porque yo estaba urgida de verlos. Por otro lado, pensemos, la pandemia empezó el 13 de marzo. Nadie esperaba un protocolo en los primeros dos meses, porque hasta que nos dimos cuenta que no nos estábamos “muriendo” y la situación en el país era de las mejores en el planeta, recién ahí empezamos a reactivar. Por más que nosotros empezamos a pensar desde esta oficina en un montón de medidas que ayudaran a cuando se reactivara, como adelantar todos los fondos, como crear un fondo solidario cultural… Empezamos a hablar de protocolos en mayo y en junio empezamos a esperar la respuesta. Hubo un momento en que la situación estaba realmente bien, había solo 12 casos activos. Pero el país es uno solo. Hoy que estamos con los museos abiertos y las salas de cine y teatro sabemos que somos el único país de la región que puede decir eso. ¡Salió en una publicación de China que somos el único país de la región con las salas abiertas!

Nosotros en mayo enviamos varios protocolos. Uno que nos importaba mucho era el protocolo de las escuelas de arte. También enviamos protocolos para hacer rodajes audiovisuales en Uruguay, estos protocolos salieron, y en estos momentos Uruguay tiene más producción audiovisual en publicidad que en el mismo momento el año pasado. Están muy contentos los de ese sector. Son los mismos que hacen ficción.

El protocolo de las escuelas iba a empezar el 15 de junio en el interior y el 21 de junio en Montevideo. Y hubo que dar marcha atrás. El 14 de junio tuve que escribirle a la Red de Directores de Cultura y decirles que se posponía hasta nuevo aviso. Llegó el brote en Treinta y Tres. Había posibilidades de que esto llegara a otros lugares del país. La cosa es que se canceló, pero el 8 de julio se abrieron. Del 29 de junio al 8 de julio no pasó tanto tiempo, y ahí se abrieron las escuelas. Nosotros habíamos visto que los artistas más vulnerables eran los que daban clase, y estaban golpeados por todos lados. No tenían espectáculos y tampoco podían dar clases. Entonces abrir las escuelas era darles un poco de oxígeno.

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“No hay evento que no tenga música. En época de elecciones todo se polariza y la crispación aumenta. Y los colectivos de artistas, algunos integrantes, entran en esa rosca de señalar con el dedo. Hay intolerancia, sí”

Seguíamos trabajando en los protocolos para espectáculos para 800 butacas, para 500 butacas y para menos. Buscábamos hablar con OPP y el MSP. Y nos llega el protocolo la semana pasada, a fin de julio… yo sé que para nosotros y para los artistas parece una eternidad, pero hay sectores del país que siguen sin reactivarse.

-Las quejas no han sido pocas, dadas las limitaciones que impone la reglamentación en materia de aforo por el 30% que pueden cubrir.

-El martes 4 estuve en El Galpón, en la conferencia de prensa que dieron. Yo digo: empecemos con esto, dejemos que fluya, y si todo funciona bien, en poco tiempo estaremos en la fase 2 y pasará a ser un 50% del aforo. No te puedo decir cuándo: nadie sabe cuándo termina la pandemia. Sería una irresponsabilidad de mi parte estimar plazos. Yo no voy a aflojar hasta que eso ocurra. Fijate que se terminaron unificando tres protocolos sintiendo que se facilitaba todo, pero unas cositas de un protocolo jorobaron a las salas chicas… Nosotros nos reunimos con FUTI (Federación Uruguaya de Teatros Independientes), con SUA, y tratamos de dialogar. Porque la cultura es eso: es diálogo, es puente. Eso que me comentabas de señalar con el dedo a los que son de otra ideología: no hay nada más en contra de lo que es la cultura. La cultura es un tejido social para que la gente dialogue, para que la gente se encuentre.

Hablamos mucho, y nos pusimos de acuerdo en cuáles son los tres o cuatro puntos que habría que ajustar para que el protocolo ayude. Por supuesto queremos que sanitariamente al país le vaya bien. Si la va mal, tendremos que parar y dar un paso para atrás; si le va bien, solo tenemos que seguir avanzando. Todos quieren todas las reactivaciones en todo el país.

-El protocolo dice que los actores deben guardar distanciamiento físico con sus colegas “de por lo menos dos metros” y aclara: “Aunque artísticamente sea necesario el contacto físico o un mayor acercamiento entre los intérpretes, el mismo no puede producirse. Habrá que adaptar las puestas en escena para responder a este requisito inevitable”. Esto es como si en el fútbol no se permitiera a un defensa marcar a un delantero. ¿Los actores no pueden acercarse si el guión lo pide? ¿No es demasiado?

-Nosotros queremos ajustar todas esas cosas. Queremos que pase a sugerencias: “Se sugiere mantener una distancia de dos metros”. En mayo, cuando se discutió el protocolo, me acuerdo que nos reunimos por zoom, y ahí se habló de no permitir el ingreso de personas mayores de 65 años y personas con alto riesgo. Y ahora ya ves que el propio MSP o la parte científica que analiza esto decidió a ponerlo como una exhortación o sugerencia. Y no es solo el teatro. Los cines tienen un artículo del protocolo donde se les sugiere una función por día, y los cines necesitan más funciones por día, aunque tengan que higienizar entre función y función.

Nuestra idea es seguir revisando y mejorando los protocolos. Si está todo bien, quizás en 15 días pasamos a una fase 2. En algún momento habrá que hisopar a los actores, como pasó en los shoppings y en la construcción. A mí no me gusta comparar a los teatros con el fútbol porque al fútbol lo veo como una actividad más cercana a la industria. Cuando leo los diarios del mundo, veo que hay una cantidad impresionante de jugadores contagiados. Y siguen jugando, están tratando de mantener los ingresos de millones de dólares. Broadway, en cambio, canceló todo, hasta el año que viene. ¿Por qué? Porque una producción en Nueva York sale millones.

-“No hay nada más alejado que el distanciamiento social y el teatro”, ha dicho usted, que además viene del teatro. Por eso mismo, decía yo lo inconcebible de que dos actores deban mantener la distancia arriba del escenario…

-Es que la pandemia tiene un viso de absurdo, no solo para el teatro, para el ser humano. Porque somos seres gregarios, vivimos en grupos, en comunidad, y esta cosa de que vas por la calle y si se acerca alguien te tenés que alejar, es raro. No quiero despreciar a la ciencia ni al virus, pero hay un límite para el cual uno puede adaptarse. Hay actividades que pueden pasar a lo virtual y oficinas que pueden pasar al teletrabajo, y hay otras donde no… Pero si somos uno de los mejores países donde uno puede estar viviendo hoy en el mundo, hay que reconocer que se están haciendo las cosas bien, tenemos que seguir los lineamientos de los científicos y vamos a tratar de informar lo que haya que ajustar para mejorar la actividad. Por ejemplo, la distancia entre el escenario y la primera fila, o explicar que no todos los teatros son iguales entonces eso de fila sí/fila no, no funciona para todos los teatros iguales.

Estamos aprendiendo todos sobre el virus, sobre nosotros mismos y sobre el relacionamiento con los otros. Vamos a dejar de jugar a trancar y trancar… hay que dejar que fluya, mejorar nuestra relación, eso es lo que tenemos que hacer. Y ni que hablar que desde acá eso es lo que tenemos que hacer.

-Héctor Guido, del Teatro Galpón, defendió el protocolo que ellos hicieron donde proponía que los actores se realicen un hisopado por semana para después poder actuar con libertad. ¿No fue de recibo esta idea?

-Lo que entiendo es que el hisopado semanal no asegura tampoco que los actores no entren contagiados a escena. Por todo el tema de cuánto dura el hisopado y todo lo que puede pasar entre que te hacen el hisopado y está el resultado, que además puede dar positivo. Yo defendí el proyecto de El Galpón, me pareció un protocolo muy garantista. Incluso, el MSP cuando lo vio, les bajó las exigencias, porque ellos proponían una ocupación de 12,5% por sala primero.

Nadie es experto en pandemias, entonces se juntaron muchos protocolos, de muchos intereses distintos, y se juntó todo en un protocolo, y ahora hay dos o tres puntos que arreglar. Yo el martes estuve con Guido y la gente de El Galpón, y estaban de acuerdo en que hay que dejar fluir, empezar así y si todo va bien, el 30% se llevará al 50%, y se tomarán otras medidas.

-Sólo se permite el 30% del aforo, por la distancia que hay que tener entre butaca y butaca. Con esto la capacidad recaudatoria se limita muchísimo y puede resultar directamente inviable en las salas pequeñas. ¿El MEC apoyará a los artistas y el sector cultural con algún tipo de fondos?

-Nosotros tomamos unas cuantas medidas cuando vimos lo que estaba pasando. Una de las cosas fue: todos los Fondos Concursables que lanzamos durante el año los vamos a presentar ahora. Eso significó escribir las bases, mandarlo al Tribunal de Cuentas, esperar que vuelva; los fondos Fefca de capacitación artística y creación artística que ya tienen los resultados publicados, ya cerraron los Fondos Concursables, que son 15 millones de dólares para repartir en sus diferentes categorías y tiene a los jurados trabajando, fondos regionales también…

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“Nuestra idea es seguir revisando y mejorando los protocolos. Si está todo bien, quizás en 15 días pasamos a una fase 2. En algún momento habrá que hisopar a los actores, como pasó en los shoppings y en la construcción”

También creamos un fondo público-privado, Ruben Melogno, músico de Psiglo fallecido en Madrid el 27 de marzo por coronavirus. Nos pareció simbólico homenajearlo. Nos contactamos con empresas privadas que pensábamos que tenían una sensibilidad especial a la cultura. Hicimos un llamado y el fondo premia a 100 artistas y docentes, que son los más vulnerables. Y subimos 500 clases a Cultura de Casa, de diferentes áreas de las artes (se presentaron 684 personas ahí). Después compramos 11.700 entradas. Otra de las medidas que tomamos fue despertar el Servicio de Información Cultural para hacer relevamientos de impacto. Hicimos ya dos relevamientos y compramos entradas a proyectos que se cancelaron.

No hicimos nada que sea entregar plata, como puede hacerlo el Mides. No es nuestra misión. Nosotros tomamos medidas para reactivar la cultura.

-El lunes 3 anunció en 970 Universal que el Ministerio de Educación y Cultura comprará paquetes de butacas vacías a salas de teatros. ¿Cómo es esto?

-Estamos tratando de cerrar el concepto de crear una campaña, desde el Fondo Solidario Cultural Ruben Melogno, o sea que no es el MEC solo. No es el Estado, sino que es un fondo público-privado. Y la idea es que la población y las empresas puedan comprar paquetes de butacas en salas, sobre todo en salas chicas. Reactivar el sector cultural es importante, y promover la solidaridad de la población y que sea la misma población la que compre entradas también está bueno para una sociedad. Comprarían butacas vacías y no irían a ver el espectáculo, porque es parte del 70% del aforo que no se puede ocupar. Lo harían por solidaridad. Estamos puliendo esta idea, para que sea bueno para todos y tenga un retorno.

-Antes se había dado un subsidio de 6.800 pesos a los trabajadores de la cultura que no hayan tenido ningún tipo de ingresos, un subsidio que molestó más de lo que conformó. Hubo quienes dijeron que esta ayuda era “indigna”. Acá parece haber un problema de seguridad social, ¿no?

-Tú estás cayendo en la trampa de las redes al decir que  molestó más que lo que conformó. Hicieron más ruido en redes sociales los indignados, capaz. El ministro (de Trabajo, Pablo) Mieres anunció que esto sería para 1.500 personas y se presentaron más de 4.000, quiere decir que no se molestó más gente que la que quiso el subsidio. Y uno de los que puso un cartel diciendo “no recibamos esto que es indigno” después pidió disculpas, y dijo que estaba bien. Vuelvo a que esto es un rompecabezas: esto es 6.800 por dos meses, más los fondos que se adelantaron, el fondo solidario Ruben Melogno, se va sumando todo.

Angela Merkel en Alemania podrá decir: “Serán infinitos los apoyos a la cultura”, porque tiene un cajoncito y saca plata con muchos ahorros para casos como éste. Nosotros tenemos nuestros ahorritos, pero no sabemos cuánto va a durar esto, entonces tenemos que aguantar y actuar con prudencia. Para alguien puede ser poco 6.800 pesos, pero para otra persona puede ser muchísimo.

-Usted ha dicho que Uruguay es lo que es por su cultura, el país de dos premios Cervantes, donde nació Torres García… Este es el año en que se legisla la Ley de Presupuesto. ¿Cuánto dinero se necesita para llevar adelante políticas culturales exitosas? ¿Lo tiene calculado?

-Lamentablemente lo tengo calculado, sí. Estamos en este año tan especial, que se une a la Ley de Presupuesto, con lo cual hay que pensar a cinco años y partir de la base que es un año complejo para el país. Tengo que hacer un esfuerzo gigantesco para saber cuál es la manera más eficiente de empezar, proyectar y que todo lo que se haga este año pueda continuar el año que viene y en el futuro.

El presupuesto es una torta, si lo ves en un gráfico en computadora, y hay ministerios que tienen triángulos en esa torta. Bueno, la cultura es una línea imperceptible en esa torta. Uno puede hacer esfuerzos para ser más eficientes, para no duplicar esfuerzos y no hacer lo mismo que está haciendo otro en otro ministerio o en el mismo.

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“El ministro de Trabajo anunció que el subsidio de 6.800 por dos meses sería para 1.500 personas y se presentaron más de 4.000, quiere decir que no se molestó más gente que la que quiso el subsidio”

Tenés que ver los museos que tenemos a cargo, el acervo del que somos responsables: somos responsables de los cuadros más importantes de este país, de los sables y los ponchos más queridos por todos, el Museo Histórico con cinco casas, el Museo Nacional de Artes Visuales, el Museo Zorrilla, el Museo Figari, el de Antropología y el de Historia Natural. Tú pensá que cuando llueve, todos me llaman porque esos edificios hay que mantenerlos y cada tanto arreglarlos. Sólo el tema museos ya es un gasto interesante. Por eso la eficiencia es importante. Hay que ver cuál es el objetivo y cuánto cuesta. Yo tengo claro cuánto me va a costar el plan…

-Ahora habrá que trabajar para estrechar vínculos que quedaron deteriorados con declaraciones cruzadas, pandemia mediante…

-A lo mejor como directora de teatro te tengo que decir: “No dramaticemos”. Sé muy bien quién es Pablo Da Silveira, creo que no hemos tenido mejores ministros de Cultura que Da Silveira, la verdad. Es un aliado muy importante. En el mundo hay debates, siempre debatimos con los que nos rodean, con los que trabajamos. Quizás, en los últimos años los artistas estaban más callados. Como más disciplinados…

-…porque estaban en un gobierno de izquierda, dice usted.

-¿Será? No sé… También es cierto que no estaba en peligro su vida como en otros regímenes. Si es que van a manifestar más con un gobierno que no es de izquierda, será así. El debate es aceptado, y más desde lo artístico e intelectual. No siempre vamos a estar de acuerdo. También hay cierto recelo: cuando tú estuviste cerca del poder, durante 15 años (no es poco), viene alguien de otro signo y: “¡Mariana abrió la ventana!” y te critican por eso, y después la cerrás y “¡Mariana cerró la ventana!”, y te van a criticar también. Pero las redes hacen las cosas más grandes de lo que son. Hay mucha gente agradecida por los subsidios y los fondos que adelantamos, y nos dan aliento para seguir.

-¿La cultura uruguaya hoy es feliz?

-Pah… es una pregunta muy compleja, porque la cultura y la felicidad no creo que vayan de la mano. La cultura es un espacio de complejización de los temas, y la gente que tiene un pensamiento complejo en general no es feliz. En general, los más simples, los que tienen un pensamiento más simple, son felices.

Fuente: Montevideo Portal

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