Vecinos asediados por delincuentes en Palermo

Siempre son los mismos. Deambulan entre las calles Maldonado y Lorenzo Carnelli, aunque a veces se los puede ver en las cercanías de Minas, Salto o Magallanes. Se esconden detrás de los árboles y roban a los transeúntes; se tiran arriba de los autos, tantean si los que están estacionados están abiertos, o agarran una piedra y la arrojan contra el vidrio de algún vehículos que se detiene unos segundos en la esquina antes de cruzar. En esos casos, previo a cometer el delito, se cercioran de que la conductora lleve un bolso o una cartera en el asiento del acompañante.




“Tienen 100% de efectividad. A los que no llevan nada, no los roban. Se fijan bien de que lleve algún bolso”, comentó Estela, una vecina que tiene su oficina en esa cuadra.

Los vecinos de la zona los reconocen: no importa qué ropa lleven puesta, aunque suele ser siempre la misma. Aseguran que los tres son menores de edad y que viven cerca de la zona, ya que cada vez que huyen se meten dentro de una vivienda cercana. Cuando aparecen —que suele ser día por medio— lo hacen cerca de las 17:00 horas, cuando el tránsito es más intenso, y se quedan hasta la noche.

Todos los que trabajan con Estela han sufrido algún arrebato, lo mismo que los trabajadores de Mandarino, el restaurante que está en la esquina de Maldonado y Carnelli, o los que llegan o salen de Canal 10. Por ello todos están en alerta permanente. Ana Durán, Eduardo Larbanois y Roberto Moar han sido algunas de las víctimas de esos tres menores, según la información que proporcionaron los vecinos a El País.

“Impotencia”.
La situación viene sucediendo desde fines del año pasado, pero en estos meses se “ha intensificado”. “Ahora están más desafiantes. Nos miran y nos levantan el dedo mayor, nos provocan”, contó Estela.

“Hace 15 días estaba dentro del auto hablando por teléfono antes de entrar a la oficina. Vi venir a los tres de siempre. Uno de ellos intentó abrir la puerta de atrás de mi auto, toqué bocina, me vio y siguió caminando como si nada. Hizo lo mismo en otros tres autos que estaban estacionados, aun sabiendo que lo estaba mirando. No le importó nada”, contó Estela. Y prosiguió su relato: “en Mandarino, el local de la esquina, los vieron y como hacen siempre, salieron a la puerta para intimidarlos, pero aunque éramos seis mirándolos, se lanzaron contra un auto y le arrojaron una piedra aunque no lograron romper la ventanilla. Tranquilos, siguieron caminando como si nadie los hubiera visto. Mientras, nosotros llamábamos al 911”.

En ese momento, según dijo, doblaron por Minas y se perdieron, pero a los 40 minutos volvieron a aparecer en Maldonado y Carnelli.

“¿Qué miran? Los vamos a joder. No pueden hacer nada”, le dijeron los menores a las personas que estaban en la puerta de Mandarino; y siguieron “tanteando los autos”.

Cada vez que pasaba una persona, la vecina y los trabajadores del local gastronómico los alertaban.

“Metíamos a todos dentro del comercio: a una chica que estaba sola y a una señora mayor que venía caminando también. Volvimos a llamar a la policía que todavía no había llegado. Pero no podíamos hacer nada con la gente que venía por la otra esquina, por Minas”, narró la testigo.



En un momento pasó una familia caminando. “Mirándonos otra vez, sin nada que ocultar, nos dijeron: “Miren” y los fueron a robar. A la mujer le sacaron la cartera, y aunque nos pusimos a gritar, eso no impidió que les robaran”, contó.

Dijo que cada vez que la policía llega los delincuentes ya desaparecieron. “Los efectivos nos dicen que no pueden hacer nada porque no los agarran infraganti. Y que son muy rápidos, se quedan solo con el dinero y tiran el resto de las pertenencias, por lo que no pueden hacer ningún allanamiento en busca de pruebas porque no se quedan con nada.

“No están armados, no te golpean, solo arrebatan. Andá a comprobarlo”, dijo resignada.

Historia repetida.
Unas cuadras más adelante, en la esquina de Maldonado y Emilio Frugoni, la situación es similar. Hace dos días, una chica que pasaba por allí en un auto cerca de las 18:30, vio a un joven abalanzarse contra otro vehículo que estaba parado en el semáforo e intentó abrirle la puerta. La luz cambió y permitió a la conductora salir del trance antes de que la robaran.

Al ver la escena, la chica llamó al 911. Los efectivos le pidieron una descripción detallada del joven que había visto, pero recién una hora y media más tarde un móvil se dirigió hasta el lugar. Los delincuentes ya se habían ido.




Esa misma cuadra, en la aplicación Oincs —que avisa de roturas de calles, tránsito pesado o cuidacoches “sospechosos”— está marcada como “zona peligrosa” por usuarios que han pasado por ahí. “Roban carteras de autos” o “rompieron el vidrio de nuestro auto”, son algunos de los mensajes que llegan a la aplicación.

Los vecinos piden que se coloquen cámaras en la zona, aunque dicen que eso va a hacer que los delincuentes se trasladen a otra zona. También solicitan mayor patrullaje.

“Cuando los llamamos los policías vienen, pero tarde, y se los ve resignados. Nos dicen que no pueden hacer nada”, aseguró la vecina.

Fuente:El País

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