Una hora estuvo el ladrón en la casa amenazándola y exigiéndole plata

El copamiento ocurrió próximo a las 2 de la lluviosa madrugada del pasado domingo 29. Luego de una larga jornada de trabajo, Gilda Viré, a eso de la 1 hora llegó a su casa, ubicada en la calle Uruguay entre Carmelo y Eloy García en Colonia, se acostó y encendió el televisor.




A todo ello, relató la damnificada a EL ECO, sintió que abrían la puerta de su habitación y pensó que era su hijo, quien descansaba con su pareja en otra habitación de la casa, pero no, se trataba de un joven desconocido quien lo primero que le dijo fue “me vas dando la platita, los dólares”.

Ella le entregó la cartera pero no se conformó con el dinero que tenía, por lo que le dijo que se quedara quieta en la cama, que no lo mirara, mientras él revisaba todo lo que había en el dormitorio.

Para no ser reconocido tomó dos almohadas y le tapó la cara a la mujer. Cuando ella le dijo que “no podía respirar”, se las sacó y le puso una frazada sobre el rostro. Es más, “me sujetó las manos con algo qué no se qué era, pero muy precario, sin ajustar”.



Mientras buscaba dinero en los roperos y en cada rincón de la habitación, el ladrón la insultó, amenazó con lastimarla, abusar de ella, y hasta de prender fuego la habitación. Incluso, con la cédula en mano que le sacó de la cartera, le hizo repetir una y otra vez el nombre completo y el número, y también le exigió que contara. “Me hizo un trabajo sicológico horrible”, expresó.

“Lo que pedía era que le diera dólares, lo que no tenía, pero decía que le habían dicho que sí, no sé de dónde habrá sacado eso”, relató. También, dijo, “me pidió oro”.

Después de más de una hora y al ver que efectivamente no había más dinero, tomó el celular de la mujer, un Samsung J5, y 800 pesos que encontró en la cartera y se fue, pero a los segundos regresó a pedirle a la mujer que le desbloqueara el celular, algo que ya le había pedido más de una vez pero, le dijo, se olvidaba. Por la misma ventana que ingresó se retiró.




“Lo más seguro que tenía era mi casa, y ahora ni eso”, expresó con dolor Viré. Porque “no es lo que te llevan, sino lo que queda. Ahora tenemos que tener todo cerrado, y es como que me siento asfixiada”, dijo.
Agradeció el actuar policial: “enseguida estuvieron y se preocuparon, me atendieron, se portaron muy bien”, indicó.

Fuente: El Eco Digital

Comenta