Un profesor recorre 389 km para capacitar a personas con discapacidad

Como en cualquier clase está la que se las sabe todas antes que explique el profesor, la que le cuesta entender y pregunta, el que parece perdido pero no dice nada, también el que mira el celular cada tanto y contesta un Whatsapp y el que le comenta al otro que bueno que estuvo el partido que tuvo el otro día.

Pero esta clase no es cualquiera. En el tercer piso de la sede de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU), ubicada en Camacuá e Ituzaingó, a pocos metros de la Rambla Sur, unas 28 personas con discapacidades diferentes reciben capacitación para entrar al Banco República (BROU) por un profesor de geografía y funcionario bancario, Rudyard Esquivo. “Docente por vocación, bancario por obligación, con cinco hijos…”, explica.

Hace 35 años que Lula -así le dicen quienes lo conocen- es docente. Durante 10 años también fue director de un liceo y ahora viaja en ómnibus 389 kilómetros desde Tacuarembó para afrontar, seguramente, el mayor desafío en su vida laboral. De por sí la docencia da satisfacciones -afirma- pero, en este caso, sobrepasa cualquier frontera. El esfuerzo y las ganas que tienen de superarse quienes asisten a los talleres a Lula no deja de sorprenderle y le hacen redoblar su trabajo para que todos puedan entender. Desde el punto de vista humano llena -dice- y no se queda solo con el discurso, de hecho, lo hace honorariamente. “No se compara con la satisfacción económica”, explica.

“En esto uno se amplifica. Se va de acá y se siente, como la canción aquella del “Sabalero”, bueno simplemente por estar ahí. Eso te lo trasmiten ellos. No es porque uno lo haya generado”, cuenta.

En la clase del miércoles se trató el tema de la acentuación. Jóvenes -y no tan jóvenes- atendían a las explicaciones de Lula. En el fondo estaban sentados un grupo de ciegos y adelante sobre las izquierda de sordos, acompañadas por un interprete. Sin otro criterio que se pudiese establecerse a simple vista, personas con otras discapacidades, mental y física, se repartían en el resto del salón.

“El tílde es la manifestación gráfica de la acentuación”, dijo sin dudar una joven que estaba sentada en la primera fila antes de que el profesor empezara con el tema.

El interés que tenían los presentes por demostrar su conocimiento era notorio. Constantemente se adelantaban a las explicaciones de Lula. Una chica ciega después de participar varias veces pidió disculpas por esto mismo. “Yo me emociono, perdón”, dijo después de contar una anécdota que le sucedió en la facultad.

“A veces los ritmos son distintos”, respondió el profesor. Los sordos eran los que seguían con más dificultad el tema. Cada tanto Lula paraba para hablar con el interprete y contestar las preguntas que tenían. Las palabras que más dudas generaron fueron las palabras examen, volumen y origen y sus respectivos plurales que van con tilde.

El llamado a concurso del BROU es para diez cupos de administrativos, en el marco de la ley 18.651 que obliga al Estado a contratar a una proporción no inferior al 4% de sus vacantes anuales. Sin embargo, solo se cumple con el 0,66%.

Además de ser ciudadano natural o legal y estar inscrito en el Registro Cívico Nacional, el concurso establecía en sus bases tener el liceo finalizado y estar en el Registro de Personas con Discapacidad de la Comisión Nacional Honoraria de la Discapacidad. Unas 298 personas se inscribieron al llamado, pero por no cumplir con los requisitos, ese número descendió a 120 postulantes.

Según las estimaciones mundiales más recientes, el número de personas con discapacidad alcanza a alrededor de mil millones de personas, o lo que es igual, un 15% de la población mundial. En Uruguay, esa porcentaje asciende a 15,9%.

“Solamente un 16,5% de la población con discapacidad económicamente activa está empleada, dichos porcentajes se mantienen prácticamente invariables tanto para Montevideo como para el interior urbano”, se explicó en los fundamentos del proyecto de denominado “Inserción laboral de personas con discapacidad en el ámbito privado” que tiene media sanción en el Parlamento. Esta iniciativa impulsada por el PIT-CNT busca que el mismo 4% que se exige en el ámbito público se contemple en el privado.

La desocupación en la población con discapacidad es por lo menos diez veces mayor que en la población sin discapacidad. La Comisión Nacional Honoraria de la Discapacidad estima que un 80% de las personas con discapacidad se encuentran desempleadas cuando el promedio nacional es de 7,8%.

Una mirada desde las instituciones

Es la primera vez que un sindicato capacita a personas con discapacidad y que se anima a hacerlo con todos los colectivos. Para eso, ha sido asesorado y apoyado por la Unión Nacional de Ciegos (UNCU) y la Asociación de Sordos (ASUR) que celebraron la iniciativa del gremio.

“Lo que pensamos es que las personas con discapacidad tienen el mismo derecho que cualquier otra a integrarse laboralmente. Sin laburo cualquiera está en el horno, definitivamente”, sostuvo la representante del Centro de Investigación y Desarrollo para la persona sorda (CINDE), Silvia Areosa.

El hecho de que no se cumpla con el 4% en las empresas públicas “se debe a un montón de factores”. Por un lado, tiene que ver con la educación que todavía “no se implementa correctamente para las personas con discapacidad para que puedan sostener determinados niveles y sigan avanzando”, explicó. Pero también incide que algunas empresas públicas todavía no hacen llamados, aseguró.

Para Areosa también influye “la concepción” que se tiene de las personas con discapacidad y que se debe cambiar. “Venimos arrastrando modelos anteriores de la discapacidad, donde las personas eran consideradas prescindibles, donde había que hacerlas lo más parecido posible a las personas ‘normales’ para que pudieran funcionar en una sociedad”, explicó.

“Hoy estamos intentando cambiar ese modelo, esa concepción y romper esas estructuras. Siempre lo sosteníamos desde los colectivos pero no se sentía en la sociedad en general que las personas con discapacidad tienen derecho a hacer la vida que quieran como cualquier otra persona”, afirmó.

A su vez, contó que es común que los empleadores pregunten, por ejemplo, si una persona con una discapacidad motriz importante va a poder. “Sí, va a poder con las ajustes razonables para su discapacidad que le permitan desarrollar su potencial”, respondió.

Ágora es un programa de capacitación e inserción laboral de las personas con discapacidad visual que surge en 2006. “¿Cuál es la razón de este proyecto? Que si una persona ciega o de baja visión se presentaba a un puesto de trabajo, obviamente, no se lo iban a dar”, contestó una de sus integrantes, Silvia Iraldi.

Integrantes del programa visitan empresas para informarlas, contarles que personas con discapacidad pueden trabajar. “Está la concepción que les va a salir carísimo, que la persona no va a rendir igual que una persona común, que va a ser un problema, que no va a poder ir a trabajar todos los días”, explicó Iraldi. Sin embargo, esto es falso.

“Hay buenos trabajadores y malos trabajadores, como en cualquier lado”, señaló. También está la concepción que a una persona con discapacidad no se le puede exigir lo mismo que a otra. “Y eso tiene que ver con cuál es la mirada que tenemos hacia la discapacidad, como siempre, desde la carencia y la caridad. Las personas no pueden. Mientras sigamos manteniendo esa perspectiva va a ser muy difícil, manifestó.

Según Iraldi, algunos estudios que se han hecho plantean que cuando ingresan personas con discapacidad a los lugares de trabajo el ausentismo laboral baja. A su vez, en alguna casos -sobre todo en el tema de la discapacidad intelectual- el rendimiento a lo largo de las horas de trabajo es mayor que una persona común.

“Una persona con una discapacidad que está concursando por un puesto de trabajo ha tenido que superar un montón de barreras propias y ajenas, por lo cual seguramente va a tener una resiliencia, un poder de adaptarse al puesto de trabajo que es increíble. Y eso es una de las cosas que no vemos”, explicó.

El sindicato bancario hace muchos años que viene capacitando a jóvenes para el ingreso a la banca oficial. Primero lo hacía de forma “anárquica”, pero con el correr del tiempo comenzó a hacer una preparación especial, a tal punto que el 50% de los trabajadores que han ingresado fueron preparados por AEBU, comentó uno de los responsables del área de formación del gremio, Carlos Márquez.

“Eso nos ayuda a atar varias patas porque nosotros como organización tenemos dificultades por la identidad de los funcionarios que ingresan. Pretendemos que cada trabajador que ingresa a la banca sea afiliado a nuestra organización”, explicó Márquez.

Pero los jóvenes “se manejan con otros códigos y a veces no se comprende el valor que tiene el trabajo colectivo, la necesidad del reclamo colectivo que para avanzar en derechos y no de manera individual”, señaló. En esta línea, el sindicato más allá de apuntar al rol social que persigue, también busca poder captar a quienes recién ingresan a los bancos.


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Fuente: Ecos Uy

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