Salones de fiestas evalúan medidas contra la inseguridad

La Cámara de Empresas de Servicios, Eventos, Fiestas y Afines (Cesefa) se reunirá el próximo jueves para evaluar medidas a tomar tras el asalto que sufrió el sábado pasado La Quinta de Arteaga durante un cumpleaños de 15.




Rafael Carriquiry, director de este lugar, dijo a El País que su local evalúa tomar alguna medida en particular para prevenir este tipo de incidentes. “Tenemos que ver cómo podemos hacer para tener más seguridad. En base a todo esto quiero ver cómo el ministro del Interior va a actuar. Si toman este modismo, la gente no va a poder salir a festejar”, comentó.

Algunos directores de locales se comunicaron con Carriquiry “preocupados” por el tema. “Hoy fue a mí, pero puede llegar a pasarle a cualquiera”, dijo.

Cómo fue.
Pasadas las 20:30, cinco delincuentes encapuchados, con pasamontañas negros, una escopeta y pistolas nueve milímetros efectuaron disparos al aire en la zona de estacionamiento, donde había unas 40 personas que llegaban a la celebración. “Todavía no había mucha gente. Eran unos 15 vehículos los que ya estaban estacionados”, comentó un testigo.

Si bien no hubo heridos, el hecho rompió con el clima de alegría y felicidad que reinaba en el comienzo del festejo. Dentro del salón, algunos invitados se escondieron debajo de las mesas y algunos se encerraron en el baño. Afuera, los asaltantes les robaron billeteras, celulares y joyas a los invitados. También robaron el equipo del camarógrafo de la fiesta.

En el medio del robo, los asaltantes le gritaron a las personas que estaban en la zona de las escalinatas que se tiraran al piso. El padre de la cumpleañera, hincado en el suelo, intentaba mirar todos los movimientos de los delincuentes como para registrar todos los detalles. Sin embargo, fue amenazado por uno de los delincuentes: “¡Tirate al piso porque te voy a matar, hijo de puta!”, le gritó.

Un hombre mayor de 84 años llevaba un bastón canadiense y le exigieron que se tirara al piso. Debido a dificultades físicas, no pudo hacerlo. Un joven, para intentar desviar la atención que los delincuentes tenían sobre este hombre, se sacó su reloj y se lo entregó a los delincuentes. “Fueron momentos de mucho temor”, contó un testigo, quien dijo que los hombres no entraron en el salón, al que la quinceañera todavía no había llegado.



Robo de un auto.
Cuando los asaltantes se iban, sobre las 21:15, interceptaron a un auto Fiat Punto de 2010, color bordó con matrícula argentina, que estaba terminando de estacionar. Uno de los delincuentes se acercó con un arma en la mano al asiento del acompañante. “Pensábamos que era un chiste”, contó a El País el conductor del vehículo, quien viajaba con su señora y su suegra.

Segundos más tarde, el hombre dispara el vidrio. Como no se rompió en su totalidad, empezó a golpearlo con la culata de la pistola. El vidrio logra ser destruido y todos los integrantes del vehículo descienden con velocidad.

Los delincuentes los apuntaron con las armas. Uno de los hombres revisó al conductor bajo la sospecha de que pudiera tener algún arma. “¡Al piso!”, les ordenó. A su suegra le robaron la cartera con todos los documentos y a su mujer le arrancaron del cuello una cadena.

Poco después, los hombres se subieron al vehículo, para irse a gran velocidad. Las mujeres lograron esconderse atrás de otro coche nerviosas y sorprendidas por lo ocurrido.

Algunos testigos contaron que les llamó la atención “el buen dialecto” de los delincuentes en el momento de dirigirse a los invitados. “Se les entendía cuando hablaban. Actuaron con velocidad, la verdad es que no lo esperábamos”, agregó.

Minutos más tarde, llegó la Policía y una ambulancia que atendió a personas mayores que sufrieron picos de presión.

En el lugar fue abandonado un auto robado, color blanco marca Citroën, en el que los delincuentes habían llegado al lugar para perpetrar el asalto.




Pese al susto, los invitados pudieron disfrutar del cumpleaños que se prolongó toda la madrugada.

Carriquiry contó que los delincuentes buscaban dinero en efectivo. “No hay. Los clientes nos pagan con tarjeta de crédito o con cheques y los proveedores cobran en un estudio contable”, contó.

Fuente: El País

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