Robert Silva: “Vamos a cambiar los programas y planes educativos”

Robert Silva

Educación

Robert Silva, presidente del Codicen, llevaba un cuarto de siglo en la tarea educativa y, cuando finalmente llegó al máximo puesto para liderar la reforma de la enseñanza, se instaló en Uruguay el COVID-19. Por eso admite que será “casi imposible” alcanzar el 75% de egreso en bachillerato, el 100% de los niños más pobres en tiempo extendido y la instalación de los 136 liceos modelo. A cambio, promete 50 y la transformación de toda la currícula.

-A la entrevista llegó unos minutos tarde, ¿a qué se llega tarde en la educación?

-Se está llegando tarde en cambios que deberíamos haber continuado y se interrumpieron.

-¿Por ejemplo?

-La transformación curricular en la educación media.

-¿Eso refiere al fin de las asignaturas?

-A priori vamos a seguir con disciplinas, pero estas tienen que estar interrelacionadas y tienen que secuenciar sus contenidos para generar competencias en una lógica incremental según los niveles.

-En criollo, ¿qué le cambiará al estudiante?

-Va a trabajar en proyectos y esos proyectos se van a relacionar con lo que pasa afuera del aula, con el mundo. Hay que motivar al estudiante y para eso hay que romper con la burbuja del centro educativo.

-¿Eso significa que, al decir de algunos sindicatos de la enseñanza, el estudiante saldrá “funcional al mercado de trabajo”?

-No. No creo en el discurso ortodoxo y fundamentalista. Creo sí que el estudiante necesita herramientas, que hoy no tiene, para insertarse con éxito en una sociedad de permanente cambio. La mayoría de nuestros estudiantes egresan, si es que egresan, sin los aprendizajes mínimos para continuar estudiando o para trabajar. La educación, en todo caso, tiene que ser funcional a una sociedad en permanente cambio.

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“No llegamos los neoliberales a destruir el sistema educativo. Hay que combatir el relato”. Foto: Leonardo Mainé.

-Sin dinero, ¿es viable esta transformación curricular?

-Tengo esperanzas de que vamos a tener algunos recursos incrementales, en especial para cumplir con algunos compromisos que había fijado la administración anterior. Tengo esperanzas de que se nos va a mantener nuestra línea (presupuestal) base, no tener el ajuste que se está planteando. Y tengo esperanzas de que vamos a poder optimizar algunos recursos.

-¿El Poder Ejecutivo llevará en su mensaje presupuestal este planteo de la ANEP de un incremento del 3% en un quinquenio?

-No tengo noticias, pero tengo esperanzas. Las autoridades económicas lo han anunciado: “La educación es la prioridad”.

-La educación “es la prioridad” es casi una muletilla de los partidos políticos en los últimos quinquenios, ¿qué asegura que esta vez será diferente?

-Ahora vamos a dejar los discursos y vamos a ir a los hechos. Somos conscientes de que se va a generar mucha oposición, pero muchos otros docentes y la sociedad en su conjunto reclaman transformaciones. Esta vez hemos constituido un equipo que combina gente que conoce el sistema con académicos de primera línea. Y no trabajamos en función de la identidad política de las personas: hemos mantenido personas que eran cargos de confianza de la gestión anterior. No nos importa si vienen de la (Universidad) Católica, la ORT o la Universidad de la República.

-De las promesas electorales a la realidad de hoy, ¿qué persiste y qué queda por el camino?

-Vamos a cambiar los planes y los programas. Vamos a establecer competencias, saliendo de ese discurso de que “las competencias son promercado”. Vamos por cambios de modelo: si seguimos con el liceo que trabaja con la repetición como principal medio de promoción, con docentes que no están radicados en los centros, sin proyectos…

-¿Entonces irá por los llamados “136 liceos modelo” que anunció en campaña?

-Sí, los vamos a instalar. Hay una gran reforma del sistema educativo que empieza a cultivarse ahora pero que quedará efectiva entre 2022 y 2023. Y luego vamos con planes focalizados a los sectores más vulnerables.

-¿Piensa que logrará construir esa cifra de 136 liceos modelo?

-La idea es llegar en el quinquenio a unos 50 centros con esta posibilidad.

-No significa que la estructura física sea nueva, ¿verdad?

-Hay parte de nueva y, en otros casos, se mantiene el envase, pero se cambia el contenido. Un ejemplo son los centros asociados de UTU, que funcionan bien, pero siguen siendo más de lo mismo. Ahí hay potencial para cambiar. También hay potencial para instalar un bachillerato general, rompiendo con las clásicas orientaciones humanísticas, biológicas y científicas. ¿Por qué? Simple: la universidad ya permite ingresar al 68% de sus carreras sin importar la orientación. Y, por último, hay potencial para instalar una política nacional docente. Todos sabemos que tenemos una formación inicial que es muy mala. Del 2008 a la fecha se ha hecho añicos. Hoy el docente asciende, sobre todo, por antigüedad. No puede ser…

-¿Cómo ascenderá el docente?

-Habrá concursos, cambios en los escalafones. Siempre matando el relato de que “vamos a afectar derechos”. No queremos más relatos, queremos darles garantías a los profesores y maestros. No llegamos los neoliberales a destruir el sistema educativo. Hay que combatir ese relato falaz.

-Esto implica un cambio de estatuto, ¿está el sistema preparado?

-Va a haber un cambio de estatuto, que se negociará con los sindicatos, pero sabiendo que integramos el gobierno de la educación y vamos a tomar decisiones.

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Robert Silva, presidenta del Codicen, visita un jardín construido bajo el régimen PPP en Las Piedras. Foto: Francisco Flores – Archivo El País.

-No me respondió qué quedará por el camino de aquellas promesas electorales…

-Me hubiese gustado decir, como se prometió, que el 100% de los niños del quintil 1 (el más pobre) tenga una educación de tiempo extendido… que permanezca más de cuatro horas en el centro educativo.

-“La falta presupuestal es la gran excusa”, decía usted hace dos años. ¿Ahora que es preside el Codicen piensa lo mismo?

-Ahora veo el bosque de la administración. No tengo dudas de que hay margen para optimizar la plata. La sociedad nos da, por año, $ 76.000 millones. Y sabemos que hay cosas, como las suplencias, que son mejorables.

-¿Significa cortar las suplencias?

-No. Pero sabemos que hay mucha gente que se certifica sin justificación. ¿Eso es estigmatizar o vulnerar derechos? No, es mejorar el sistema y acompañar mejor a los docentes: el 29% de las certificaciones son por padecimientos psíquicos.

-¿COVID-19 sí será la “gran excusa” en caso de no alcanzar las metas trazadas?

-Este año vamos a descender, no tengo dudas. Por eso queremos hacer la evaluación, para saber desde dónde vamos a partir. No estamos empezando con la realidad de 2017, cuando se hizo la última prueba de Aristas en escolares. El objetivo no cambia: mejorar aquellos guarismos de 2017.

-¿Es recuperable aquello perdido?

-Sí, pero para eso no podremos bajar cortinas al término del año. En el 2021 el docente no puede decir: “Yo tengo que cumplir con este programa, el que no puede seguirlo repetirá”. ¡No! Hay que ser conscientes de la base y retomar desde allí.

-¿Es viable la vuelta a la obligatoriedad de la enseñanza en 2020?

-Espero que se vuelva a la obligatoriedad cuanto antes, siempre y cuando la situación sanitaria lo permita.

-¿Y al horario normal?

-También. Lo que nos afecta en los públicos es el espacio físico. Se pudo hacer en las escuelas rurales porque tienen una realidad edilicia distinta: tenían más de 50.000 estudiantes y ahora tienen unos 16.000.

-¿Está pensando en recortar vacaciones para esa recuperación?

-No, no tenemos mucho margen de acción porque las clases terminan en diciembre. La excepción son los bachilleratos en los que, lo más seguro, se podrá terminar después.

-Hablando de bachilleratos, uno de los puntos de crítica a la marcha educativa es que seis de cada diez no acaba la enseñanza obligatoria. ¿Seguirá manteniendo la meta de alcanzar el 75% de egreso al término del bachillerato?

-Fue uno de los puntos de más discusión. Será muy difícil alcanzarla.

-¿En cuánto establecerán la meta?

-La dejaremos en el 75%, porque el país no puede retroceder y, aun sabiendo que es prácticamente imposible que se alcance, es lo que necesita Uruguay para ponerse a rueda con el resto de la región.

-COVID-19 tiende a acrecentar la brecha de desigualdades. ¿Es posible un revés a esa inequidad?

-¿Qué es lo que, en el fondo de mí, más quiero? Que lo que me pasó a mí, les suceda a miles. Que una persona que no viene de una cuna de oro, hijo de trabajadores, sea hoy el presidente del Codicen. El que hoy por hoy fracasa en la educación, fracasa en la vida y, con seguridad, no logre ser feliz.

-Sus hijos van a colegio privado, ¿verdad?

-Sí.

-¿Estima que, al término del quinquenio, la educación pública tendrá eso que usted busca como padre?

-Ya hoy la educación pública y privada muestran resultados similares a contextos similares. La educación privada también tiene que mejorar, no es una panacea, así como la pública no es un desastre. Pero muchos padres mandamos a nuestros hijos a privados porque la educación pública, más allá de los aprendizajes, no nos brinda las condiciones: si vos y tu esposa son unos laburantes, si hacen 12 horas por día y no tenés quién cuide a tus hijos, si necesitan lo que reclama la clase media, no siempre te encontrás con escuelas de tiempo extendido. La gran olvidada es la clase media, que es el gran igualador.

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“Me siento muy respaldado por el presidente de la República y su Ejecutivo”. Foto: Andrés López Reilly – Archivo El País.

-¿Saca a relucir la idea batllista de que la sociedad uruguaya tiene que ser un rombo con el centro muy ancho?

-Soy un convencido de eso. Por algo tengo la ideología que tengo.

-Su excompañero de fórmula, Ernesto Talvi, dejó su cargo político. ¿Usted perdió el respaldo político para las reformas?

-Me siento muy respaldado por el presidente de la República y su Ejecutivo. No puedo hacer política, pero siento también el respaldo de todos los partidos de la coalición de gobierno.

De “persona no grata” a buen diálogo

-Fue tildado de “persona no grata” por uno de los sindicatos de docentes, ¿cómo está su vínculo con los sindicatos?

-Muy bien. Tenemos un diálogo de mucho respeto.

-Hace cinco años se “incendió la pradera” y hasta fue decretada la esencialidad en la educación. ¿A qué atribuye la aparente calma de ahora?

-Influyó la situación sanitaria. En el marco de esta situación hubo una actuación muy buena del gobierno y la educación. La Ley de Urgente Consideración fue dialogada y anunciada con tiempo. Se tomaron políticas claras y de respeto, como el tema de los tapabocas…

-Llegado el caso, ¿le recomendaría al gobierno que decretase la esencialidad de la educación?

-No, no lo haría. Lo que sí haría es que, llegado a una situación conflictiva que no la visualizo y mucho menos la deseo, se garantice la alimentación para esos 75.000 niños que hoy atienden las viandas escolares.

-Con los sindicatos tendrá que negociar un cambio de estatuto y el presupuesto, ¿en el corto plazo qué más tiene que negociar?

-El cambio de elección de horas docente; ya en la próxima ronda queremos que deje de ser por un solo año.

Fuente: El PaísUy

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