¿Persecución política o huír de la Justicia?

Alan García
Nuestro Gobierno analiza el pedido de asilo político realizado por Alan García, el ex Presidente de Perú que se encuentra requerido por la Justicia por un presunto vínculo con el caso Odebrecht.

Por Facundo Olivera Ordeig

Facundo Olivera Ordeig
Tec. en Gestión Turística y Hotelera. Dirigente de @CimarronesPN. Lista 66. Congesal Nacional (s) por la Juventud del Partido Nacional. Síguelo en Twitter

El ex Presidente de Perú se encuentra en estos momentos en nuestra embajada a la espera de una de resolución por parte de nuestro Gobierno, la cual, será clave no sólo para su destino personal sino para el de nuestras relaciones diplomáticas, por lo que luego de recoger información de distintos medios de comunicación – nacionales e internacionales – puedo decir que aprobar la solicitud de asilo no solo sería interferir con la Justicia peruana sino que estaríamos respaldando las palabras de Alan García quien dice ser perseguido políticamente debido a que, en el supuesto caso que la Justicia haga el pedido de prisión preventiva, él no podría dedicarse a hacer campaña política. Saquen sus propias conclusiones.

En primer lugar es necesario quitarle la máscara a nuestros gobernantes debido a que bajo la política de no interferir con lo que sucede en los países de la región, optamos por callar ante las constantes denuncias por violación de los Derechos Humanos en Venezuela, por lo que analizar una presunta persecución política basada en que estar en prisión preventiva le prohibiría hacer campaña, no solo es un ilógico, sino que hace pensar que los intereses de los partidos se encuentran por sobre los intereses de los pueblos, y para esto es necesario recordar por qué la Justicia peruana ha emitido un pedido de captura por su vínculo al caso Odebrecht, presente en quince países, pero destacable en  Brasil con Lula da Silva y Dilma Rousseff, en Argentina con Cristina Fernández de Kirchner, en Venezuela con los regímenes chavistas, y presuntamente en nuestro país de la mano de los gobiernos del Frente Amplio.  El principio de no intervención parece poder vulnerarse cuando un hombre, en este caso, Alan García, cuenta con información que puede perjudicarles.

En segundo lugar debemos pensar en el efecto que esto tendrá, por ejemplo, sobre el comercio, pues en el caso de “reconocer la persecución” para de esta forma poder dar asilo político, dañamos directamente nuestras relaciones diplomáticas, e incluso legisladores peruanos al igual que jerarcas han dicho que en el caso de otorgarlo son capaces de exigir el corte de relaciones diplomáticas, lo que en primer lugar supone el cierre de nuestra embajada allí, para luego, afectar las exportaciones e importaciones, el turismo, entre otras,  cuando nuestra realidad económica no es la mejor y estamos a un mes de nuestra “temporada alta” la cual, a pesar de los datos del Ministerio de Turismo y Deporte, sufrirá pérdidas, al igual que el año pasado de acuerdo a lo confesado por operadores turísticos, hoteleros y gastronómicos.

En palabras del columnista Federico Salazar de El Comercio de Perú, Uruguay podría dar un asilo sin expresión de causa. En la comunidad internacional, sin embargo, no se puede quebrar la unidad en la defensa de los estados de derecho y de la lucha contra la corrupción. ¿Vale, acaso, tanto Alan García en Uruguay?.

 

Gracias por tu tiempo, hasta la próxima.

 

Tec. Facundo O. Ordeig

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