Mandó vender afuera dos motos para conseguir arma y matar en la cárcel

“Yo no se lo voy a decir. Yo voy a seguir en la cárcel”. Con estas palabras, A.G.T.S. (30), evadió la pregunta del fiscal Juan Gómez sobre quién le hizo llegar, el pasado 12 de marzo, el revólver Taurus calibre 38 con que al día siguiente mató a Alejandro Arakelian Perdigón. Ambos estaban alojados en el Módulo 3 de la Unidad N° 4 del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), el exComcar, en Santiago Vázquez.

El fiscal Gómez, que no insistió en preguntar -¿qué más daba, si le iba a mentir o evadir la respuesta?- pidió la formalización del caso en su contra por homicidio intencional agravado más tráfico interno de arma de fuego. No pidió ninguna medida cautelar. Es que A.G.T.S. ya está condenado por otros delitos -hurto, asociación para delinquir y atentado- y su pena vence en 2024.

De acuerdo con el petitorio del fiscal, la animosidad entre ambos comenzó en el Penal de Libertad, cuando ambos coincidieron en 2014 o 2015. El fallecido resultó ser lo que en la jerga se conoce como “brazo gordo”, un pesado en el ámbito carcelario. Como tal, le robó a quien luego sería su matador un equipo deportivo.

Ambos volvieron a encontrarse en el Módulo 3 del exComcar en 2018. Arakelian iba a estar preso hasta 2021 y su prontuario incluía dos homicidios (en 2005 y 2013), hurto, hurto con agravantes y lesiones personales. Nuevamente se dieron los roces. Según el imputado, el recién llegado quería mandar en el módulo, ofrecía celulares a sus compañeros de reclusión, pero sin entregar los aparatos una vez recibido el dinero.

La condición de “brazo gordo” era presente en todo momento: vendía droga, amenazaba y golpeaba a otros reclusos. Un sobrino de A.G.T.S., también alojado en ese módulo, recibió ese mismo trato.

Fue ahí que el ahora imputado decidió matarlo. Según Gómez, a través de contactos que tenía en el exterior, mandó vender dos motos. El dinero obtenido, unos 60 mil pesos, fueron girados a otro individuo que le mandó el arma. De forma que aún está siendo investigada por las autoridades carcelarias, el revólver llegó hacia él.

“Cómo le llegó el arma ya es parte de los secretos de las cárceles”, indicó Gómez. Todo hace pensar que otro recluso de ese módulo -y no un funcionario policial- participó de la maniobra, estimó.

Al día siguiente, 13 de marzo, en la primera oportunidad que tuvo, a las 8.20, A.G.T.S. le disparó dos veces a Arakelian. Un tiro -el que resultó fatal- fue en la espalda y el otro en la rodilla derecha. Se está investigando la bala extraida para saber si esa arma estuvo involucrada en algún otro episodios.

La muerte generó más incidentes. Otros tres reclusos resultaron heridos con cortes carcelarios. Inmediatamente después de los tiros, los reclusos hicieron el tradicional “golpeteo” pidiendo asistencia médica. “Bajen nomás botones (policías), que esto no es con ustedes”, dijo el imputado. Su venganza ya había sido consumada.

Fuente: Ecos Uy

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