Los uruguayos se vuelven a tomar el avión para emigrar

Un día, Javier se cansó de Uruguay y se fue. Otro día, Carolina dijo que quería “otra libertad” y también se fue. En ambos casos, se fueron de Uruguay hacia Barcelona, cada uno por su lado. Se fueron este año. Ninguno de los dos tenía urgencias económicas, como tantos miles de uruguayos en el principio de este siglo. Ninguno escapaba por razones políticas, como fue una triste costumbre en el país en la década de 1970. Simplemente, el cuerpo les pidió irse.

Algo raro ha notado este año Eduardo Abreu, presidente de la Casa del Uruguay en Barcelona. Y lo que ha notado no se condice con un país –Uruguay- donde las previsiones económicas siguen hablando de crecimiento y con otro país –España- donde hace dos lustros reventó la burbuja, el “paro” (desempleo) supera el 15% y ya dejó de ser la entrada al paraíso europeo.

“Hay muchos uruguayos que se están viniendo, sorprendentemente, y eso que la situación no es la misma que la de 2001 o 2002. Muchos son jóvenes, algunos tienen hijos, y vienen a jugársela el todo por el todo cuando acá (en Barcelona) estamos muy lejos de atar los perros con chorizos. A veces me las veo crudas para explicarlo. Pero no logro entender qué pasa y en eso estoy”, le cuenta Abreu a ECOS.

Según datos brindados a este portal por la Dirección Nacional de Migración (DNM), entre enero de 2016 y octubre de 2018 hubo 35.470 uruguayos más que egresaron del país por el Aeropuerto de Carrasco que los que ingresaron.

Y aunque considerando todos los puntos de entrada y salida del país la diferencia es muy poco significativa, el Latinobarómetro 2018 reflejaba que el 29% de los habitantes de este había pensado en 2018 irse a vivir en otra tierra; tres de cada diez. Solo los dominicanos y venezolanos (ambos con el 53%), así como los salvadoreños y hondureños (ambos con el 37%), todos países con grandes crisis sociales y políticas, tienen más ganas de dejar su país. En México, Guatemala y Argentina, cuyos problemas sociales de distinta índole son ya bien conocidos, ese porcentaje es de 20%, 16% y 15%, respectivamente.

El demógrafo Martín Koolhaas, docente del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, tiene una certeza cualitativa: “Efectivamente, hay un aumento de la emigración en Uruguay”. El mismo país que resulta una esperanza para venezolanos, cubanos y dominicanos, está despidiendo de nuevo a sus hijos. No se anima, en cambio, a hablar de características de esta nueva inmigración. Sí señala que España, nuevamente, es el principal destino reciente de los uruguayos que se toman el avión desde 2015.

Según datos que maneja ese Programa, entre el primer semestre de 2009 hasta el primer semestre de 2015, fueron más los uruguayos que se dieron de baja en los padrones municipales españoles que los que se dieron de alta. Traducido: hubo más regresos a Uruguay que emigración a España. Había cambiado la tendencia de las últimas décadas. Pero desde el segundo semestre de 2015 esa situación se revirtió.

Entre el segundo semestre de 2015 y el segundo semestre de 2017, un total de 7.554 personas nacidas en Uruguay fueron “altas” en los municipios de España. Y eso es un número que ha ido creciendo entre el primer período señalado y el último: 1.066, 1.340, 1.380, 1.742 y 2.026. Por el contrario, las “bajas” fueron 4.772.

Y entre las altas de este año, están Javier y Carolina.

Búsquedas de llenar un vacío

Javier Marcher (40) tenía en Uruguay la tranquilidad de un empleo público, como técnico administrativo para Vera, en Antel, y un sueldo que superaba bastante al promedio nacional. No debería ser alguien que quisiera irse del país pero lo fue. Y totalmente convencido, según sus palabras.

“Yo no me vine por necesidad. Me vine porque no me gustaba vivir como vivía. Uruguay se está volviendo un lugar decadente”, expresa a ECOS. Llegó este año a España, cumplió los 40 en Barcelona, se reseteó laboralmente, aprendió un oficio operando grúas en el sector metalúrgico y se siente loco de la vida.

“No me fui por algo económico. Me fui porque no me gustaba lo que veía. Ves una realidad decadente, que no va a cambiar. La vara con la que se miden las cosas está muy baja”, indica. El cambio, para él, está a la vista. “Esto no es perfecto pero es otra vida. Salís a la calle y ves todo limpio. Un pan flauta te sale tres veces menos que en Uruguay, y una flauta de panadería. La leche sale la mitad, la comida mucho menos. Todo suma. Es cierto que te tenés que generar oportunidades laborales, pero lo hacés en un lugar donde se merece vivir”, añade Javier, en plena etapa de enamoramiento de su nuevo hogar.

Él asegura que hay muchos como él, profesionales, sin hijos, que están yéndose de Uruguay “simplemente porque quieren vivir bien”.

Carolina Galusso, de 24 años, cumplirá seis meses viviendo en España el 5 de diciembre. Fue usuaria de la visa Working Holidays, para ir a Nueva Zelanda, hace tres años. Ahí estuvo seis meses y se dio cuenta que, sea cual sea su futuro, no estaría en Sayago, donde vívia. “Siempre cuando volvía, volvía con un vacío”. Uruguay no llenaba ese vacío.

Y cuando conoció “a alguien que vivía en Italia”, ya no había quien la retuviera por este lado del mundo. Estudiante de hotelería y gastronomía, empleada en Zara, una de las tiendas de ropa más reconocidas del país, tampoco fue el hambre la que hizo tomar el pasaporte.

Hoy es moza en una cafetería en Castelldefls. Con un sueldo de moza, se paga el alquiler, la comida y los gastos. “Con 20 euros te podés ir a cualquier país de Europa”, Espacio Schengen mediante. “Es buena la libertad que sentís acá, además de la libertad económica. Allá tenía que vivir con mis padres porque no me alcanzaba con mi sueldo. Y además no me sentía cómoda en los ómnibus, en ningún lado…”.

No todo es rosas, admite. Ella conoce uruguayos que sí se han ido por motivos mucho más urgentes. Y, en todo caso, a los profesionales no los nota bien remunerados. “Eso es algo que parece que quedó de la crisis (de acá). Una arquitecta y una diseñadora gráfica con las que trato ganan lo mismo que yo”, dice, casi en tono de advertencia.

No es una arcadia

Sin ninguna base metodológica, los representantes de las colectividades uruguayas trazan algunos elementos comunes de los recientemente llegados. “La gente ahora está buscando otros horizontes, no tan desesperados como antes… como si en Uruguay hubieran encontrado un techo”, opina Gustavo Núñez, secretario de la Casa Uruguay en Madrid.

Aunque precisa que no se ha repetido el aluvión de principios de siglo, Núñez nota una emigración más calificada desde lo profesional. Sin embargo, así como cambió Uruguay también cambió España, advierte.

“Los trabajos que se pueden encontrar acá son de salarios bajos, donde la vida puede hacerse más cuesta arriba. Si tienen pasaporte europeo mejor, porque con los papeles están cada vez más duros”, indica el titular de ese centro uruguayo en Madrid.

España, pese a todo, sigue siendo el principal destino. Pero lo que Sotelo llama “los cambios tecnológicos” y el mundo laboral califica como “la cuarta revolución industrial” hace que muchos trabajos estén desapareciendo. Se encuentra trabajo en la hotelería, en los bares y en los restaurantes. Terminó el verano boreal y, pasada la pequeña zafra de las Fiestas, terminarán los contratos temporales. “Son trabajos de menos de mil euros de salario, y los alquileres están en el entorno de los 500. Nosotros avisamos todo eso, si viene un matrimonio y los dos trabajan lo pueden llevar adelante. Se puede salir adelante, pero con sacrificios que no se sabe si valen la pena…”.

Esas son las mismas advertencias que se escuchaban por boca de los referentes de las colectividades cuando la crisis económica de 2001, cuando se pedía al último que se fuera que apagara la luz. La historia tiende, por raro que parezca, a repetirse.

Querer irse

Koolhaas se siente firme con los datos vinculados a España. Sobre lo que pasa en otros países, ya no está tan seguro. Sostiene que los niveles de emigración a los otros países que tradicionalmente han sido destino de uruguayos –Argentina, Brasil y Estados Unidos- se mantienen estables. Y agrega que otras cifras que se han divulgado recientemente “hay que tomarlas con pinzas”.

Entre esos datos, por ejemplo, refiere a unos divulgados por el noticiero Telenoche, de Canal 4, el 23 de agosto. Estos, basados en datos de la DNM, señalan que la diferencia de uruguayos que se fueron y que llegaron por el Aeropuerto de Carrasco es, de enero 2014 a julio de 2018, de 50.012 en favor de los que pasaron por partidas. Ese saldo negativo era particularmente negativo de enero a julio de este año: 15.769.

Extendido a octubre, según los números a los que accedió ECOS, ese mismo saldo entre uruguayos egresados e ingresados por Carrasco en 2018 está en 14.921.

Como rasgo distintivo, este académico habla de una población emigrante “un poco más vieja” que la de principios de siglo y del fenómeno de la reemigración, los que se van tras haberle dado una oportunidad al país, por las grandes dificultades halladas en reintegrarse.

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Fuente: Ecos Uy

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