La vida de Juan cambió en días: tendrá una casa y empieza a trabajar

Padre soltero con tres hijas en rancho y sin agua

“Por suerte todo se va encaminando”, dice Juan Torres. “Hoy (sábado) empiezo a trabajar en la carnicería de Ta-Ta de Colonia (del Sacramento)”, cuenta a ECOS con alegría. Es que hace tres meses que buscaba un empleo y no le surgía nada. Como consecuencia, no le había quedado más remedio que irse a vivir con sus tres hijas de cinco, seis y ocho años a un rancho de lata que se llovía y no tenía agua.




También está contento porque funcionarios de la Dirección de Acción Social de la Intendencia de Colonia junto a un arquitecto ya fueron a ver el terreno donde quiere construirse “una casita”. La comuna se comunicó con el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y están trabajando en conjunto, explica.

“Es todo gratuito, los profesionales y los materiales”, afirma. “Ya van a hacer el plano y quedó en ir un agrimensor al terreno”, agrega. Juan se conforma con una casita económica con un cuarto y un baño. Le dijeron que en poco tiempo iban a empezarla platea y la viga.

Anteriormente había ido tres veces al Mides a pedir ayuda. En dos oportunidades preguntó si lo podían ayudar con el alquiler y la tercera vez pidió si podían brindarle los materiales para construirse una casa. Todas las veces la respuesta fue negativa, a cambio le ofrecieron una canasta de alimentos.



Juan dice que las niñas también están contentas. “La preocupación de todo padre es que los hijos estén bien, ahora estoy tranquilo”, sostiene. “Todos los días les enseño a ser buenas personas y a tener una actitud buena ante la vida, pero el día de mañana cuando yo no esté también quiero dejarles algo”, reflexiona.

“Quiero darles todo, lo mejor posible. Lo que no tuvo uno que lo tengan ellas. Nosotros eramos pobres pero mi vieja nos dio todo lo que pudo y hoy somos buena gente . Eso es lo que a mí me enseñaron y quiero que ellas también lo aprendan”, cuenta.

Juan se sorprendió por todas las personas que lo llamaron y lo ayudaron con comida y también con ropa de abrigo, tanto de Colonia como del resto del país. “Me llamó un hombre de Estados Unidos, parecía ser de Uruguay o Argentina por como hablaba. Quedó en mandarme ropa y calzado de allá”, relata.




Decidió que, por ahora, las niñas se queden en la casa de la abuela, “porque están en un lugar mejor, con agua caliente”. Es temporal, hasta que tenga un lugar mejor donde estar con ellas. Mientras tanto él sigue viviendo en el rancho de lata porque las pocas cosas que tiene las quiere cuidar. “Aunque sea humilde, tengo la heladera, la cama y como está ahora la cosa, no puedo dejar nada regalado”, concluye.

Fuente: Eco Uy

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