La respuesta de Piñera a Bolsonaro en defensa de Michelle Bachelet

Políticos de verdad

«Señora Michelle Bachelet: Si no fuera por el personal de (Augusto) Pinochet, que derrotó a la izquierda en 1973, entre ellos a su padre, hoy Chile sería una Cuba». Esa durísima frase lanzada el pasado miércoles por Jair Bolsonaro contra la ex mandataria de Chile provocó un nuevo cruce diplomático protagonizado por el presidente brasileño.

Inmediatamente después de que reivindicara la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y que indirectamente «celebrara» la muerte de Alberto Bachelet, Bolsonaro se ganó el repudio de gran parte de la comunidad internacional. Incluso, su par chileno Sebastián Piñera, histórico adversario político de Michelle Bachelet, fue uno de los que salieron al cruce del mandatario brasileño y repudió sus dichos.

«No comparto en absoluto la alusión hecha por el presidente Bolsonaro respecto a una ex presidenta de Chile y especialmente en un tema tan doloroso como la muerte de su padre», afirmó el jefe de Estado chileno quien, pese a sus diferencias políticas con Bachelet, no titubeó a la hora de reprobar las declaraciones de Bolsonaro.

Piñera es un exitoso empresario que incursionó en la política hasta llegar a la presidencia en 2010, sucediendo precisamente a Bachelet, líder del Partido Socialista de Chile. Ambos se alternaron el poder en el país trasandino. La médica y política fue presidenta en dos períodos no consecutivos (2006-2010/2014-2018), mientras que Piñera, al frente del Partido Renovación Nacional, hizo lo propio entre 2010-2014 y actualmente encara su segundo mandato (2018-2022).

Los desencuentros entre ambos han sido de los más diversos en la arena política chilena. Sin embargo, éstos se han centrando principalmente en la economía del país y la generación de empleo.

En los primeros meses de la presente gestión de Piñera, Bachelet sostuvo que a la distancia, ya que se encuentra actualmente viviendo en Suiza por su cargo como alta representante para los derechos humanos de la ONU, ha visto «mucho anuncio, pero no los resultados prometidos». «He visto una economía debilucha, que ha aumentado el desempleo», opinó la ex jefa de Estado.

Rápidamente, el presidente le respondió exponiendo los resultados de ambos gobiernos: «Los primeros cuatro meses de nuestro Gobierno, la economía chilena ha crecido al 5,2%, eso es tres veces más que el crecimiento promedio del gobierno anterior».

Otro de los temas más controversiales entre ambos ha sido la crisis venezolana. Piñera siempre criticó a Bachelet por la falta de firmeza en su postura ante el régimen de Nicolás Maduro. Al llegar al poder, el mandatario estableció una posición clara y se presentó como uno de los principales referentes internacionales en exigir el fin de la dictadura chavista.

En marzo pasado Piñera redobló las críticas sobre Bachelet, quien ya se desempeñaba como la corresponsable de los derechos humanos para la ONU. «La alta comisionada Michelle Bachelet todavía no ha condenado la dictadura de Maduro por atropellar los derechos humanos en Venezuela, eso es insuficiente, lo digo con respeto pero con verdad», dijo. Meses después, y ante la creciente presión internacional, la ex presidenta realizó un viaje a Venezuela, donde se reunió tanto con Maduro como con Juan Guaidó. Tras su visita, recibió cuestionamientos por no condenar lo que viene ocurriendo en el país caribeño. Pero para sorpresa de esos críticos, y del propio Maduro, quien especulaba con recibir un diagnóstico mucho más leve, el informe que difundió Bachelet sobre la situación en Venezuela fue lapidario. A tal punto, que varios mandatarios del mundo empezaron a modificar su discurso sobre Venezuela tras ese reporte.

Los roces entre Piñera y Bachelet se remontan a 2005, cuando compitieron cara a cara por la presidencia. En ese entonces, y tras una fuerte campaña, la líder del Partido Socialista se impuso en segunda vuelta. Desde ese momento, se pueden contar con los dedos de las manos los temas en los que han coincidido.

Pese a las diferencias, sin embargo, entre ellos siempre ha primado el respeto: algo especialmente evidente en los pases de mando y en los diálogos por teléfono que mantuvieron después de las elecciones, una tradición chilena que simboliza la alta calidad institucional de su democracia.

Esta semana, dejando cualquier ideología de lado, Piñera volvió a demostrar ese respeto a su histórica «adversaria» política.

Los Bachelet, víctimas de la dictadura de Pinochet

Alberto Arturo Miguel Bachelet Martínez fue un general de Brigada de la Fuerza Aérea chilena, que estuvo activo entre 1940 y 1973. Ese año se desempeñaba en la Dirección de Contabilidad de la Fuerza Aérea. El 11 de septiembre el comandante en jefe del Ejército, Augusto Pinochet, lideró un Golpe de Estado contra el presidente socialista Salvador Allende.

Sin embargo, el general Bachelet se opuso al Golpe. El mismo 11 de septiembre fue detenido por primera vez, y liberado la misma noche. Tres días más tardes, un grupo de uniformados allanó su casa y se lo volvió a llevar.

En la Academia de Guerra Aérea fue interrogado y torturado por sus propios compañeros de armas. Un mes más tarde, en octubre, se le concedió el arresto domiciliario. Pero le duró poco. El 18 de ese mes fue detenido por tercera vez junto a otros oficiales de la Fuerza Aérea, por presunta «traición a la patria».

En esos meses, Michelle y su madre, Ángela Jeria, se vieron obligadas a pasar a la clandestinidad.

El 12 de marzo de 1974 Alberto Bachelet murió en la Cárcel Pública de Santiago tras sufrir un infarto.

Pero la persecución contra su familia no terminaría allí.

En 1975 Michelle y su madre fueron detenidas en Villa Grimaldi. Las fuerzas represivas de Pinochet también las torturaron. Luego, marcharon al exilio, pero Michelle retornó a Chile en 1979 para sumarse a los movimientos contrarios a la dictadura.

Ya con el retorno de la democracia, incursionó de lleno en la política chilena. Su primer gran cargo fue como ministra de Salud durante el gobierno de Ricardo Lagos (2000); dos años después, pasó a encabezar la cartera de Defensa. Esos puestos la catapultaron a lo más alto de la política chilena y la convirtieron en una de las principales referentes del Partido Socialista. Así fue como se presentó en 2005 como candidata a la presidencia. Desde entonces, llegó lo ya conocido: sus dos mandatos y los cargos en Naciones Unidas. Además, es recordada en su país por haber sido la primera mujer electa para ejercer el mayor cargo gubernamental.

Una figura reconocida internacionalmente

Tras su primer mandato, Bachelet fue designada en septiembre de 2010 como jefa de la nueva Entidad para la Igualdad entre los Géneros «ONU-Mujeres». El por entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, destacó el liderazgo «dinámico y global» de la dirigente chilena.

Además, el surcoreano valoró la experiencia política y la capacidad para generar consensos de Bachelet.

Pese a desempeñar dicho cargo, Bachelet siempre se mantuvo como una de las grandes figuras políticas de su país. Por eso, en 2013 volvió a su país y se lanzó nuevamente a la candidatura presidencial y fue reelecta para un segundo período.

Al concluir este mandato, y después de la buena imagen que había dejado en su paso por la ONU, el actual secretario general del organismo, Antonio Guterres, la nominó para el alto comisionado para los derechos humanos.

Finalmente, la candidatura de la ex presidenta chilena fue ratificada en la Asamblea General en agosto del año pasado, y desde entonces desempeña el cargo.

Lo primero que se le exigió desde varios países del mundo era condenar enérgicamente a la dictadura de Maduro. En un principio optó por no interceder. Muchos gobiernos la acusaban de ser «cómplice» del dictador chavista, por su ideología política.

Pero ante la creciente presión internacional y la cada vez más alarmante situación de Venezuela, Bachelet decidió viajar al país caribeño para ver en primera persona lo que allí está ocurriendo. Las conclusiones fueron explosivas. En un documento de 18 páginas se encargó de detallar la grave situación: torturas, asesinatos, crisis sanitaria y migratoria e inacción del Gobierno ante las denuncias.

Nuevo cruce diplomático

En las últimas semanas Bolsonaro estuvo en el centro de la escena internacional por sus repudiables dichos. Sumado a las recientes expresiones sobre la dictadura chilena y al padre de Bachelet, la semana pasada el presidente brasileño se burló de Brigitte Macron, esposa del mandatario francés.

La polémica con el Ejecutivo galo comenzó tras los incendios en el Amazonas. Las relaciones se intensificaron por la presión ejercida por Francia sobre Bolsonaro para que tomara medidas contra los incendios. Incluso lo acusó de haberle mentido en sus compromisos medioambientales y amenazó con oponerse al tratado de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.

El mandatario brasileño, que también fue criticado por sus políticas por otros jefes de Estados del mundo, adoptó una postura desafiante y rechazó la ayuda que ofreció París para contener las llamas en el Amazonas.

El gobierno de Bolsonaro ha supeditado el recibimiento de la ayuda de los países del G7 a que Macron se retracte de declaraciones en las que mencionó una posible internacionalización de la Amazonía brasileña.

Fuente: InfoBae

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