Gustavo Zubía: “La gente me quiere como ministro del Interior”

Gustavo Zubía
El exfiscal busca su lugar en la política; él prefiere al Parlamento, cambiando leyes. Varios partidos ya lo han sondeado para incorporarlo.

Por Leonel García y Mateo Romano




“¿Y cómo voy a estar? ¡Horrible! ¿O nos vamos a seguir mintiendo? ¿No vieron lo que pasó en Casavalle?”. Así respondió al saludo Gustavo Zubía, el fiscal que renunció a su cargo en marzo. Su mensaje es claro: estamos mal, vamos mal y si no se hace nada estaremos peor.

Ahora jubilado, Zubía no piensa en ir a la plaza con sus dos nietos y sus tres perros. Quiere hacer política, llegar al Parlamento. Colorados, blancos y Edgardo Novick picaron en punta a la hora de seducirle. Y sueña con cambiar las leyes que regulan a la Policía, a la implementación del nuevo Código del Proceso Penal (CPP) y el sistema carcelario.

Locuaz y expansivo, muchas veces histrónico, varias veces irónico y algunas veces chabacano, no oculta su amor por los medios. Tan en su salsa se encuentra en una entrevista que hasta se anima a sugerir un título: “Zubía sin mordaza”. Quien asegura que de joven era considerado “el comunista de la familia”, admite que su discurso puede sonar demagógico; pero en todo caso, puntualiza, será un demagogo realista.

De adolescente le supo prender fuego al escritorio de su profesor de literatura, al mismo a quien llamaba anónimamente a las tres de la madrugada para preguntarle por su esposa en vísperas de un escrito, con el único fin de desvelarlo. Hoy apela a la realidad de los salones de clase para hacer analogías, históricas y presentes, con la seguridad o la falta de ella.

– Presentó su renuncia en marzo. ¿Qué ha hecho desde entonces? ¿Pensar, reflexionar…?

– No pienso ni reflexiono. La tengo tan clara a esta altura del partido que no preciso pensar más sobre qué es necesario modificar. Lo que he hecho es andar en los medios. Me critican que me gustan los medios como a la mosca las mieles. ¡Y es cierto, porque mi único instrumento para tratar de cambiar algo son los medios! En la Fiscalía he tenido discusiones, en el Parlamento me han dado poca bolilla…

– Cuando entró en vigencia el nuevo CPP y usted se quejaba que dormía poco, alguien le sugirió que saliera menos en los medios para dormir más.

– Para desagrado de mi señora, contesté que yo seguía manteniendo relaciones sexuales. Eso es no cuestionar argumentos. Me encanta salir en los medios porque es la forma de crear una conciencia que no hay. Hoy somos como mamíferos que van al matadero. Nos estamos dejando comer de a uno y seguimos repitiendo estupideces.


“ Me encanta salir en los medios porque es la forma de crear una conciencia que no hay. ”


– ¿Y cómo se soluciona eso?

– Primero, modificando la Ley Orgánica Policial (N. de R. Refiere a la Ley de Procedimiento Policial). Un policía tiene hoy dos lugares donde teme: la calle y el juzgado. Hay una serie de mecanismos para repeler la acción violenta de un delincuente, a mi juicio, infantiles y absurdos. El artículo 22 de esa ley, establece que las armas no deben emplearse salvo que una persona ofrezca “resistencia armada” al accionar policial. Esto es: un balazo. Digo que hay que cambiar eso y me contestan: “vos querés gatillo fácil”. Y, lamentablemente, esas son las dos opciones entre las cuales nos tenemos que manejar. La opción actual limita al funcionario policial al punto de impedirle usar al arma hasta que es tarde. La alternativa es gatillo fácil como hay en Estados Unidos y Canadá, donde si a 50 metros un individuo tiene un cuchillo se le puede pegar un disparo en medio de la frente. Nos tenemos que manejar con una posición intermedia, pero en el momento que estamos viviendo no nos queda más remedio que modificar estas reglas preciosas para el Uruguay de 1950.

– Con la preparación actual de la Policía, ¿esto no generaría un baño de sangre?

– No. En Canadá las calles no son un baño de sangre.

– En algunas ciudades de Estados Unidos sí.

– ¿Usted sabe cuáles son los países de América con más presos cada 100 mil habitantes? Estados Unidos y Cuba, las antípodas ideológicas. EE.UU tiene 810 y Cuba 740. Nosotros tenemos 300, Chile 320, Brasil 290, Argentina 150…

– Según usted, tenemos muy pocos.

– Sí, muy pocos. El inspector (Julio) Guarteche (exdirector nacional de Policía), fallecido en 2016, reconocido por tirios y troyanos, decía que en Uruguay hay 60 mil delincuentes “operativos”; estos a su vez afectan a 200 mil personas: el que vende, compra, alquila, presta, encubre, conoce, tiene miedo o el que es obligado a pagar “peaje” en Verdisol… Me lo dijo hace tres días un alguacil de los juzgados de Familia: “Cuando voy a hacer las diligencias de notificación en Verdisol, en el Borro, en el 40 Semanas, o me mandan un ‘salvoconducto’ por el capo del barrio o pago peaje de 30 o 40 pesos con sus ‘perros’”. Los lugares de Montevideo donde existe posibilidad de dormir con la puerta abierta y la ventana destrancada y que no le pase nada son esos. La justicia más expeditiva funciona en esos barrios, cuando se hace al estilo de Pablo Escobar en Medellín: va una mujer, se queja de que la violaron y el capo hace justicia por la propia mano.

– Corre un frío por la espalda que diga eso una persona que estudió Derecho y ha trabajado casi 40 años en el marco de un Estado de Derecho…
– ¿Pero no le corrió un frío por la espalda cuando le encajaron diez balazos a uno esta mañana? ¡No es lo que yo digo, es lo que pasa! ¿O usted sabe cuántos minutos puede estacionar un patrullero en el Borro? ¡Me lo han dicho a mí por la radio! “¡Doctor, nos vamos, nos vamos, nos vamos!”.

– Los policías tienen miedo en la calle. ¿Y en la Justicia?

– También. La legislación es altamente restrictiva. Si a usted lo obligan solo a pisar baldosas blancas en un piso, y si pisa una negra se cae, ¡está pisando sobre huevos! No desconozco que haya policías que no hayan actuado ceñidos al orden jurídico, pero la ley no puede ser constrictiva para el policía que tiene que reaccionar en cuestión de segundos. A mí se me ocurre que la exhibición de un arma de fuego (hace un gesto de blandir un arma al aire) a mi juicio tiene que ser un elemento suficiente para que el policía use la violencia. No digo que el primer disparo vaya a la cabeza, pero no puede ser que tenga que esperar a que el otro tire para actuar. Hay que darle una prioridad (al policía). Hablo de un Uruguay 2018 donde los homicidios se dispararon de una forma nunca vista. ¿Seguimos pensando que esto es una sensación térmica? Ha habido un crecimiento delictual ininterrumpido, que es anterior al gobierno del Frente Amplio. Esto larga con (el expresidente Julio María) Sanguinetti en 1985 con las leyes de procesamiento sin prisión, repica con las leyes de (el exministro del Interior José) Diaz, en 2005, con la reducción de penas por trabajo y estudio, con las leyes de salidas transitorias y la deshumanización de un sistema carcelario que en realidad está peor. Mi teoría general es que tenemos que poner orden en la escuela, orden en la clase, y luego empezar a enseñar. No se puede enseñar en medio del griterío ensordecedor de 45 pibes que no hacen más que pegarse, saltando arriba de los bancos.

– Usted dice que la situación comenzó a empeorar con Sanguinetti en 1985. Antes estaba la dictadura, ¿quiere decir que ahí estaba bien?

– Esa es una interpretación suya. La cosa estaba bien en el ’50 y en el ’60, se pudrió en el ’67, vinieron los milicos. Y obviamente en una dictadura… es cuando la maestra, con la directora y un cuerpo de seguridad atrás, ponen orden en la clase. ¿Es necesario eso? No, una maestra con autoridad moral puede perfectamente poner orden. No hace falta una dictadura. No es necesario, más allá de que conozca mi pedigrí, que (el senador blanco Jorge) Larrañaga esté diciendo que haya que sacar los militares a la calle. Estoy totalmente en desacuerdo con eso, como lo estuve con la baja en la edad de imputabilidad, la pena de muerte y –por ahora- con la cadena perpetua.

– Mencionó su pedigrí (N. de R. el fiscal Zubía es hijo de Eduardo Zubía y sobrino de Rodolfo Zubía, dos altas autoridades castrenses durante la dictadura), ¿se lo siguen enrostrando?

– Sí, permanentemente. Tuve un padre milico, un tío milico, otro tío milico y varios primos milicos y no fui milico por esto (junta el pulgar y un índice a prácticamente nada de distancia). Pero… ¡mi viejo era de los que quería largar en 1979! Ustedes hablan con el hijo de un milico que fue golpista y que luego quiso apagar el incendio. ¡Yo tuve la clasificación “B” durante la dictadura, la de “sospechoso”! ¡Yo era considerado el comunista de la familia!

– ¡Era brava esa familia entonces!

– Voté a Wilson en el ’71. Mi filiación ideológica era sospechosa en una familia de milicos. Pero quiero decir que lo mío no es un tema de derecha o de izquierda, sino de orden o de corrección política.

Las “perlitas” del nuevo CPP

“Yo no comparto 100% los valores de mi padre, ¡abro el paraguas en esta nueva etapa!”, se ríe el exfiscal. Zubía dice que ha recibido ofrecimientos de todos los partidos políticos, incluso del Frente Amplio.

Pero antes de llegar a eso, Zubía reclama por más cárceles y cuestiona al sistema actual, al nuevo CPP y a su impulsor, el Fiscal de Corte, Jorge Díaz, con quien fue compañero en Maldonado y de quien está distanciado.

– Ha sido muy crítico con la implementación del nuevo CPP, ¿cómo lo modificaría?

– La suspensión condicional del proceso es una perlita, un mecanismo que está en el boca a boca de los delincuentes. La implementación del nuevo CPP es vergonzosa, una máquina de picar carne. El propio doctor Díaz dijo que para tramitar todas las denuncias hace falta un 500% más de fiscales. ¡Eso quiere decir que estamos trabajando con el 20% de los que se precisan! Este año se van a generar (cargos) por rendición de cuentas, pero el año que viene, que es electoral, no. Así que por dos años, los fiscales van a seguir en la picadora de carne. Y yo tengo a mi hija que sigue siendo fiscal por concurso, porque yo ingresé a dedo en la Fiscalía en el ’81 (risas). Y eso que tenía la letra “B”… ¿Saben por qué tenía esa calificación en dictadura? Por mi vinculación a grupos de teatro barriales independientes y tener amigos de izquierda. Hoy soy músico y pintor, pero he sido actor, he dirigido, he escrito cuplé para murgas. Detrás de este rostro hierático hay un tipo que se divierte…

– Volviendo a las cosas que hay que modificar…

– La reglamentación para la Policía, el Código del Proceso Penal, Fiscalía y las cárceles. Ese es el combo que hay que modificar.



“ El fiscal Díaz dice que hace falta un 500% más de fiscales, eso quiere decir que está trabajando el 20% de los que precisan. ”


– Ha hablado de más locaciones carcelarias, ¿cuántas más?

– Eso es una pregunta para técnicos. Pero si de pique Guarteche hablaba de 60 mil operativos… póngale la mitad. Es como una ciudad del interior. Pero la cosa es así… la maestra no tiene que entrar todos los días con el machete a la clase. La maestra ejerce la autoridad con intensidad tres días y al cuarto día la clase es otra. A través del boca a boca, el delincuente se concientiza que la cosa va a en serio y baja el número de delitos. Nunca se suprime, claro.

– Del nuevo CCP decía que la suspensión condicional del proceso…

– Es un mamarracho. Nosotros hacíamos suspensión condicional del proceso hace años, con el viejo Código, con los delitos de bagatela, en aquellos en que el delincuente era una persona de trabajo. Yo tuve padres que vendieron el coche para pagar las cagadas que se mandaba la hija por timbearse en el casino la plata de la caja donde trabajaba, en cifras no exorbitantes. Pero no tiene sentido aplicarla a delitos de hurto especialmente agravado. La suspensión condicional del proceso por sí no está mal, el problema es que se aplica hasta delitos que tienen como mínimo una pena de tres años. ¿Una rapiña en grado de tentativa amerita suspensión condicional del proceso? Eso es un absurdo. Abrimos la caja de Pandora y cualquiera entra porque hasta el delito de homicidio tiene sus mínimos inferiores a tres años.

– ¿Y qué le parece el proceso abreviado?

– El proceso abreviado está bien pero está mal su uso excesivo. Pero esa pena que fue objeto de una negociación, una transa, si es menor a 24 meses al otro día el defensor puede pedir la libertad.

– ¿La condena no queda fija con este instrumento?

– No, no ¡y no! Esa es una perla más que no vieron los genios que hicieron este Código. El instituto de la libertad anticipada es de orden público; o sea, está por encima de cualquier transacción entre las partes. Entonces, si un individuo tiene menos de 24 meses de pena al otro día que sale del juzgado con el pacto del proceso abreviado, puede pedir la libertad. Y si tiene más de 24 meses, a la mitad del cumplimiento de la pena puede pedir la libertad. Esa enorme barrabasada torpedea al proceso abreviado. Otro torpedo: si no hay proceso abreviado, tiene que realizar el juicio oral y público. Esto es, una acusación por escrito, una contestación por escrito, un despacho saneador -que es un trámite para mejorar las condiciones en las que va yendo el proceso-, diligenciamiento de la prueba y llevar a los testigos siete meses después. ¡Siete meses después! Si no organizo acá una transa tengo un proceso enormemente riesgoso, pesado y tensionante para poder diligenciar la prueba que no pude pactar al principio.

– Y con todo esto, ¿cómo estamos en la resolución de delitos?

– Estamos en los tradicionales 4,5 o 5% de resolución de todos los delitos denunciados. Ese es el tradicional índice que se sigue manteniendo, quizás haya decrecido todavía pero no tengo estadísticas de eso. Pero olfateo que estamos resolviendo como resolvíamos antiguamente. Agarramos al 5%, y a ese 5% que agarramos le damos un montón de beneficios.

Guiños colorados, blancos y de Novick

Nacido en 1953, casado en únicas nupcias, tres hijos, dos nietos, “tres perros, dos gatos, 18 peces y el papagayo”, a diferencia de otro renunciante fiscal, Enrique Viana (otro con quien no se lleva nada bien), no piensa dedicarse a la actividad privada como abogado. Eso sí, tiene cuidado de que sus pretendientes políticos –que según él son prácticamente todos- lo usen o tiren.

– En el escenario político actual, ¿hay alguien que se asemeje a esa maestra con autoridad moral que decía usted?

– Lamento decir que quien más se asemeja a eso… soy yo. Hoy no tengo ninguna camiseta, más allá de ofrecimientos. He tenido discusiones en el ámbito de los partidos de oposición porque hay mucho Gre-Gre para decir Gregorio.

– Y finalmente, ¿se tira a la política?

– Me han hecho ofrecimientos y estoy evaluándolos.

– ¿Quiénes?

– El Partido Nacional, el Partido Colorado, la gente de (Edgardo) Novick, el Frente Amplio y he conversado con Pablo Mieres, del Partido Independiente. Con Mieres tengo una buena relación, más amigable…

– ¿Con el FA también? Le pregunto porque a priori se lo vería más lejos…
– Del Frente no vinieron políticos, vinieron abogados conocidos míos que están vinculados al FA, obviamente de los sectores más cercanos al centro. Tengo muchos conocidos de izquierda. Yo les dije que estaban locos y ellos me hablaban de que cambiara los “verbos nucleares” (risas), como “se apoderó”, “sustrajo”… Estoy lleno de amigos de izquierda que me dicen: “loco, el hijo de puta de mi primo no sabe que sos un facho recalcitrante y dice ‘qué bien lo que dice Zubía’ ¡y yo le digo que sos un facho!”. (risas)

– ¿Y en qué lugar se vería?

– En el Parlamento, modificando, modificando y modificando leyes. Ahora estacioné en la calle, vine caminando por Andes y siete personas me pararon en cinco cuadras.

– ¿Y todos pidiéndole que esté en el Parlamento?

– No, me quieren ministro del Interior. Yo no quiero hacer el papel de (Eduardo) Bonomi que juega con la mano atada, el pie atado y un ojo vendado. A mí ahora me interesa primero que al ministro se le saquen las ataduras y eso se hace en el Parlamento. Yo digo que ser ministro del Interior con esta legislación es un calvario. Algunos dimes y diretes sostienen que Bonomi en muchas circunstancias no solamente ha estado muy cercano a mi pensamiento sino que, además, sueña con que su bancada le diera más implementos para poder trabajar.

– ¿Ya dio algún sí?

– Cuando tenga una oferta concreta…

– ¿No las tuvo?

– Ofertas sí, garantías de que la palabra empeñada se mantenga en el tiempo, no.



“ La reglamentación para la Policía, el Código del Proceso Penal, Fiscalía y las cárceles. Ese es el combo que hay que modificar. ”


– ¿Y no sabe para qué lado va a rumbear?

– Hay tres opciones más o menos potables que son el Partido Nacional, el Colorado y Novick. Con Mieres hemos hablado pero como que las espaldas no son tan anchas… Y con el Frente Amplio tengo una diferencia ideológica intensa en lo que tiene que ver con los temas de seguridad, por lo que no voy a cambiar ningún verbo nuclear de mi discurso. Y mi discurso, a consecuencia de los hechos, se va a poner un poquito más intenso. Está muriendo mucha gente.

– ¿Descarta dedicarse a la actividad privada, como abogado?

– En principio, mi opción es la actividad pública. Hay opciones, pero necesito ciertas seguridades de que voy a permanecer. No quiero ser usado, exhibido y que luego me manden al banco de suplentes.

– ¿Se da cuenta que para una persona verborrágica como usted el sistema acusatorio, oral y público, caía como anillo al dedo?

– Verborrágico, no; yo cuando hablo, pego. Claro que andaba bien. Lo expliqué el primer día de trabajo: “Estoy desecho desde el punto de vista físico viendo el esfuerzo que estamos haciendo pero satisfecho de haber logrado algo”, dije. El primer día creo que me llevé para la cueva (sic) a tres. Un día logré 7 formalizaciones, fue un récord. Yo le metí y le metí. El tema es que no tiene racionalidad que usted tenga que hacer un esfuerzo cinco veces mayor para lograr lo mismo.

– ¿Y no cree que estos momentos de mucha sensibilidad un discurso como el suyo cae en lo demagógico?

– Sí, claro que lo creo. A mí me imputan la demagogia punitiva. Y yo lo que respondo es: ¿no existe la demagogia permisiva? La demagogia es el uso indebido del verbo para aprovecharse de circunstancias falaces. Aquí no hay circunstancias falaces, lo que hay es gente que muere, legislación ineficiente, fiscales ineficientes por el sistema de trabajo, policía atada. ¿Y qué voy a decir, que esto está bien? Yo vengo hablando hasta por los codos porque es mi naturaleza. Es mi forma de ser. Acepto que alguien lo pueda considerar demagógico, pero yo no lo considero así porque estoy hablando de cosas reales. No estoy creando climas o fantasmas. No quiero pena de muerte, en principio no quiero cadena perpetua. Esto se arregla únicamente con modificar normas legales. Yo creo que hay más demagogia en ciertos actores que están apelando a efectos emocionales en ciertas respuestas. No quiero decir quién porque capaz que me pierdo alguna oferta.

Fuente: Ecos Uy



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