Gestión Bonomi: El adiós de la cordura

Bonomi

Por Facundo Olivera Ordeig

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El aumento de la violencia junto a una sociedad fragmentada trae consigo el aumento de la desconfianza en la Policía Nacional, no podemos culpar al Policía, dentro de las filas de los defensores de “la libertad en el orden” continúan existiendo excelentes funcionarios que son detenidos de actuar como saben que deberían por sus jerarcas, por políticos del Oficialismo, por grupos de presión social que se llaman independientes, pero se encuentran al servicio del partido antes mencionado.




Ellos, son los responsables de que la seguridad se deteriore, de que el Instituto Policial se encuentre vulnerable, de que como ciudadanos tengamos la percepción de que nadie nos protege. Claro que también se encuentran los pésimos funcionarios, y me refiero a los corruptos, a los que abusan de su autoridad, a los que hacen la vista gorda, a los que no se encuentran aptos psicológicamente para portar un arma sea letal o no letal, habría que echarlos, habría, pero la voluntad política no se encuentra, podemos verlo, aunque se diga lo contrario.

Antes de continuar quisiera aclarar lo siguiente, mis palabras se basarán en lo aprendido en los últimos dos años en los que trabajé junto a funcionarios policiales y militares en retiro, no es mi intención dar sus nombres, pero sí quisiera agradecer a tres de ellos, grandes compañeros que han demostrado que sus principios se encuentran ante todo. Gracias por tanto…

De la selección del personal

Casi todos conocemos la importancia de elegir a la persona adecuada para la tarea adecuada, las empresas no contratan a cualquiera que se presente con base en la experiencia o en la simpatía, sino que debe cumplir con ciertos requisitos tanto físicos como psicológicos, al destaparse el Caso Anzalone, el Partido Nacional consiguió demostrar que gracias al nepotismo, Laura Anzalone, sin contar con el título habilitante se encontraba a cargo de esta tarea, aquellos ingresos con su firma deberían de ser auditados externamente para corregir el desastre. Piensen en lo siguiente, aquel que debe velar por tu seguridad adquiere un arma con más facilidad que un ciudadano cualquiera que desee comprar un arma para su protección o la de su familia. ¿Lógico? Para nada, por ese mismo motivo el Diputado Pablo Abdala realizó la semana pasada un pedido de informes sobre el problema en cuestión, aquel que se encarga de la seguridad debe tener como mínimo, la misma exigencia, cuando el ideal sería que fuese mayor.

El Ministerio del Interior ha preferido, en vez de contratar un profesional, dejar que aquellos aspirantes presenten el certificado de cualquier psicólogo que se encuentre en la vuelta, intento comprender el fin que tiene la medida, pero a la única conclusión que llego es la que ningún ciudadano quiere oír, Eduardo Bonomi se limpia las manos en caso de que suceda una tragedia como un sucidio, un femicidio, o que se dispare a un inocente, es inadmisible que desde la administración de la seguridad ciudadana se tenga esta mentalidad. No importa quien haya firmado la resolución, la responsabilidad es siempre del Ministro por permitirlo.

¿Nadie pensó en que así como los certificados de enfermedad se falsifican se puede falsificar un certificado psicológico? ¿Se le enviará a la Justicia cuando ya sea tarde para sí mismo o para un tercero?

Haciendo un aparte, ¿se pensó que sin la línea de asistencia a suicidas podría ser extremadamente riesgoso darle un arma a cualquier ciudadano? No deseo criticar por criticar, pero aquella que depende de ASSE me deja ciertas dudas.



Pienso que este sistema de examinación puede incrementar el ingreso a la Escuela Nacional de Policía, pero ¿a qué costo? ¿preferimos cantidad o calidad? En mi caso, prefiero la calidad, si cincuenta oficiales tienen la capacidad de resolver lo que cien, no me preocupa, pero de la pésima instrucción que se recibe, escribiré en otra ocasión.

Es mi firme convicción que aquellos que deseen entrar a la Policía Nacional deban ser examinados no por un psicólogo, sino por un tribunal de profesionales, entre ellos un oficial con basta experiencia que, en unanimidad, o en su defecto, por mayoría, considere que se encuentra apto para portar un arma, para manejar situaciones de estrés, para dar contención a quien ha sufrido de un delito, para tolerar el fracaso y para no dejarse llevar por sus impulsos. No cualquiera puede asistir a dónde se encuentra el cadáver de una niña como lamentablemente ha sucedido. Se pudo ver en cada canal de aire como funcionarios tanto policiales como militares aguantaban el llanto y espero que quienes estuviesen allí, asistiesen luego a un profesional de la salud mental para poder seguir adelante tras la macabra escena ya que no cualquiera puede ir, encontrarse con un crimen de tales características y seguir cuerdo, de otra forma se transmitiría públicamente lo encontrado, lo cual agradezco que no sea así.

Nosotros ciudadanos debemos hacerle las siguientes preguntas al Ministro del Interior, no las responderá, como tampoco hizo con aquellas hechas en su novena interpelación.

¿Quiere un verdadero Policía o quiere un “mono con revólver”?

¿Quiere que el ciudadano se sienta seguro o quiere que el ciudadano contrate una empresa de seguridad? O peor ¿quiere que el ciudadano compre un arma?

¿Quiere que en las calles predomine la convivencia o quiere que continúe como en los últimos once años?

¿Quiere que sus votantes se sientan orgullosos de su gestión o quiere que pidan su renuncia?

Sé lo que quiero, creo saber lo que querés, pero son preguntas que un jerarca no puede responder con palabras sino con acciones.


Tec. Facundo Olivera Ordeig

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