Familia de la víctima logró reunir las pruebas en caso de femicidio

A los 150 días de estar en la cárcel de Melo, las pruebas que aportó la familia de la profesora Julia Olivera, asesinada en Fraile Muerto el 9 de febrero, fueron determinantes para acorralar al exesposo que resultó ser el matador. Hace un mes que confesó la autoría, casi al finalizar los 180 días de prisión preventiva. “Si no hubiesen participado los padres en aportar pruebas podría haber quedado en libertad”, dijo el abogado de la familia, Gustavo Silveira.

El aporte de la familia a la investigación fue determinante para el esclarecimiento del hecho. “Aprovecharon algunas ventajas que el nuevo Código del Proceso Penal permite y reunieron elementos probatorios”, anotó Silveira.

“Esta familia estuvo desde el primer momento frente a un asesino que jugaba a que no le pudieran comprobar lo que había hecho, y contribuyó en el aporte de pruebas, asumiendo una carga emocional muy grande. Así lograron aportar elementos determinantes para ir cerrando la hipótesis y cuando él se vio acorralado, pidió para declarar (hace 30 días). Hizo una declaración en la que reconoció ser el autor del hecho, pero en una versión decorada”, indicó el abogado.

El 9 de febrero, R.C.A.M., de 42 años, mató a María Julia Olivera Desplast, docente, de 29 años, quien se hallaba distanciada de él desde hacía siete días. Quería terminar la relación que había iniciado con el hombre cuando tenía 15 años. El ahora encarcelado la ultimó de tres disparos en Fraile Muerto, a una cuadra del liceo de la ciudad y a media de donde vivía la docente. El matador, hacendado y vinculado a las actividades ecuestres en la zona de Tupamabé, recién confesó lo ocurrido hace 30 días, permaneciendo formalizado en la cárcel, con prisión preventiva durante 150 días, sin querer asumir el cargo de femicidio.

El abogado Silveira aseguró que pasaban los días y los elementos presentados para llegar a las pruebas que aseguraran su participación en el hecho eran insuficientes, por lo que el sujeto podría recuperar la libertad.

“El hombre se mantuvo callado y se inició una investigación que ha dado como resultado, al vencimiento del plazo, que la Fiscalía entendiera que hubo elementos suficientes para acusarlo y pedir la pena, que fue de 25 años”, explicó el abogado.

Silveira agregó que los familiares “sienten la tranquilidad de haber tenido la oportunidad de trabajar en la investigación reuniendo pruebas”, y que “ése es el aspecto positivo que uno le encuentra al nuevo Código del Proceso Penal”. El asesino había intentado cargarle la culpa a otro hombre.

Un aporte determinante.
“La Familia de Julia Olivera recorrió todas las casas de ventas de motos de Melo y logró saber que en un comercio el asesino había adquirido la moto esa misma tarde y que le habían regalado el casco, que casualmente fue hallado al lado del cuerpo de la víctima”, explicó el abogado Gustavo Silveira. El aporte de la familia a la investigación fue determinante para el esclarecimiento del hecho.


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Fuente: El País

 

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