Estamos quemando los libros.

Estamos quemando los libros - Covid-19

Que nos ha pasado como sociedad, en que momento del camino otorgamos las libertades de destruir lo más sagrado que se tiene.

Estamos quemando miles de libros abiertos, historias muy bellas para los oídos más puros dejarán de ser contadas, ya no se escucharán sus sueños.

Se están yendo en fila, directos al calor de la indiferencia de una sociedad egoísta, mal educada y fría. Se van, se queman.

Miles de millones de hojas son sacrificadas para salvar un bolsillo de microeconomía estatal u hogareña, porque parece mas importante tener un poco de dinero mañana que el sacrificio de aquellos que lucharon para que hoy seamos quienes somos.

Los vemos irse callados, solos, con la mirada perdida en la ausencia de caras conocidas, soldados blancos los rodean para llevarlos a toda prisa, hacia un final sentenciado.

Hay libros que se cierran por su tiempo, como forma natural y conocida por el juego de la vida, pero nuestra sociedad los está quemando cuando aún tienen mucho para decir, aunque ya, lo que quieran decir a toda prisa antes del rojo fuego, solo será interpretado por perfectos desconocidos.

Se están quemando los libros, al mismo tiempo que nuestro aplauso, pero no vemos el fuego, ni sus llantos ni sus ruegos.

Se nos están quemando los libros, estamos ciegos.

Italia, acaba de superar los 16 mil muertos, mientras que España los 13 mil, el covid-19 o coronavirus los está llevando, Gallegos y Tanos, Tanos y gallegos, sangre de nuestra sangre.

Dicen que mueren con este virus, yo digo que mueren de soledad.

Sobre plásticos negros dentro de cajones baratos a precio de oro, van rumbo a pistas de hielo, contenedores refrigerados, mezclados con la desgracia y olvido de la sociedad que intenta mirar cobardemente hacia otro lado.

Quiero pedir perdón a tantos abuelos, por ser parte de una sociedad que los ha abandonado, jamás pensaron que la ultima lectura de sus historias sería así y los hemos traicionado.

Quiero pedir perdón a tantas almas perdidas que se encuentran en su último viaje; en una mano un pasaje pagado con nuestra culpa, mientras en la otra sostienen la esperanza de que haya valido la pena.

Perdón, miles de veces perdón.

Por: Héctor Daniel Tedesco
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