Ese no soy yo

El Ángel

Por Branden Luis Figarola

Branden Luis Figarola
Born in the U.S, pero vivo en Uruguay. Estudiante de la @FicUdelar. Periodista para: 1370am - #Cx42 📻 @LIGA_MVD 📷📝 @sunoticiasuy @elquintohiphop @granizouy

Carlos Reboledo Puch está furioso por la película de Luis Ortega que está inspirada en la vida del asesino. La película, “El ángel”, hizo enojar al detenido porque pone en duda su sexualidad y niega ciertos eventos.

El film debutó con un éxito de taquillera llenando muchos salones por la Argentina, se estiman alrededor de 452.785 espectadores en la primera semana. Pero al que no le gustó la obra cinematográfica fue al propio Puch.

El entretenimiento del pueblo argentino simbolizó la caída de un asesino serial cuya destrucción es la mejor metáfora del fin de una etapa histórica del país (segunda junta militar de la “Revolución argentina”). Las películas de asesinos contarán siempre historias, pero también momentos y valores de una etapa. 

La doctora Mariana Lestelle, de relación cercana al asesino, quien permanece detenido en la cárcel de Sierra Chica, se refirió al desencanto: “Él quiere contar su verdad, el tema es que ahora está enojado y creo que eso le va a potenciar el deseo de contar su verdad”. El cine se ha visto asociado a menudo con el realismo, pero en verdad constituye un intento de reunir los clichés y de representar la realidad “tal cual” como es. Cuanto más verdaderas son las cosas, más fabulescas se ponen. Siempre va existir una intención subjetiva en un film bajo condiciones “realistas”.

“Está enojadísimo porque dice que eso es ciencia ficción, que eso no es su vida”, aseguró la doctora Lestelle. Y enfatizó los principales puntos del enojo: “Le molesta profundamente el tema de la homosexualidad. Por otra parte, dice que es todo ficción, que la relación con los padres no es como dicen. Además, él se hace cargo de los delitos, pero niega los asesinatos”. Según el semiótico Pasolini, en su teoría semiológica hay signos intencionales y no intencionales. Un signo no intencional no dependerá de la intención de un individuo sino de una intención general, definitivamente socializada, y que es la convención constitutiva del símbolo. Son signos prefabricados y no naturales, Pasollini los llama “imsignos”. 

Aplicada al cine, el cineasta inventará imsignos y las mezcla con aspectos de la vida para expresar una realidad distinta. El cine dice la realidad, o, mejor dicho, la escribe por sí misma.

A muchas personas no le gustaron sus películas biográficas. Johnny Depp se puso en la piel de uno de los mafiosos más grande de Boston, James “Whitey” Bulger. Pero su actuación no le gustó al verdadero “Whitey”, que hizo pública su crítica a través de su abogado, Hank Brennan, y calificó el trabajo de Depp como una “parodia”. No se debería darle tanto enojo al actor, sino al realizador de la obra. El actor es la acción, no la intención. Es difícil tener el superactor, aquel que hace una interpretación ideal, donde cuyas acciones son tan perfectas y precisas que su posición se toma natural y convincente. El realizador, que también tiene una acción, se comunica con el actor en su mismo terreno y traduce la lengua de todos los actores, por lo tanto es el que transmite la intención y la idea del film.

Podrá ser que Luis Ortega hizo el film de acuerdo de lo que está sucediendo en la actualidad no solo en Argentina, sino en el mundo. Ortega configuró un filme con contextos actuales y del pasado. Captó la debilidad del espectador mediante una metáfora banal que se desplegó y mostró un trabajo de expresión personal. Cada una de las personas sentadas en una sala de cine no podía separarse del deseo, de la experiencia y el conocimiento de uno de las celebridades de la época. Pero, para el “Ángel” y muchos otras figuras que tuvieron films de sus vidas, no fue así.

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