El resistible ascenso mundial de la derecha anti-sistema

Día della Liberazione

Por Rodrigo Lupinacci

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Trabajador independiente. Estudiante de Historia en el Instituto de Profesores Artigas. Miembro de la agrupación política Avanza País. Batllista: republicano y demócrata radical. Fundador del blog de reflexión política republicanosuy.blogspot.com

Hoy 25 de abril se celebra en Italia el Dia ella Liberazione, aniversario de la victoria de los partisanos de la resistencia política y civil a la ocupación de los nazis y al propio gobierno fascista lideró Mussolini hasta su caída a finales de la Segunda Guerra Mundial.

Comúnmente esta fecha implicaría un ronda de celebraciones oficiales, las notas periodísticas de orden, mítines políticos varios y la reafirmación social del compromiso con la Repubblica y la Democrazia italianas; sin embargo este año la recordación patriótica se vio afectada por la coyuntura política del país: en el actual gobierno italiano -una coalición conformada por la agrupación de ultra-derecha (identitaria y separatista en sus orígenes, hoy nacionalista y xenófoba) Lega Nord de Matteo Salvini y el marketinero (como en aquella Argentina noventosa de Menem) de barniz populista Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grille y Luigi Di Maio), el desacuerdo interno para con esta celebración es notorio.

Mientras el Movimiento 5 Estrellas reivindica la importancia de este aniversario, no así la Lega Nord. Por consecuencia, Matteo Salvini (vicepresidente de la República Italiana y Ministro del Interior), líder de la Lega,  decidió ignorarlo -y así no enfrentarse a la parte fascista de su electorado- e ir al sur, a un acto en apoyo a la policía en su combate a la mafia local. En palabras de Salvini, no le interesa participar de “un duelo entre fascistas y comunistas”. En otras palabras, para el Ministro del Interior italiano, la derrota al fascismo y el nazismo, la concreción de la democracia y la fundación de la primera República Italiana, y  su recordación, no es otra cosa que una rencilla entre unos y otros. Curiosa y preocupante forma de interpretar la historia. Indigno viniendo de un Ministro de Estado electo democráticamente para ocupar el cargo en esa misma República a cuya memoria y la de sus mártires, le da hoy la espalda Salvini.

Esta jugada política no es casualidad, y tampoco es poco común en una Italia que jamás se ha caracterizado por un sistema político saneado y de buen funcionamiento. Las encuestas marcan como la Lega Nord vencería con casi un 37% de los votos en una futura elección simultánea con las europeas, lo que casi duplica su anterior votación particular (17%), frente a un Movimento 5 Estrellas que se desplomaría con un 21% (frente a un 33% de la elección pasada). Los desequilibrios de poder que se alterarían, suponen una victoria aplastante para la Lega, que volvería a hacerse con el gobierno de forma triunfal, y esta vez autosuficiente. Las múltiples disputas en el seno del actual gobierno de coalición parecen ser algo buscado por un Salvini que se sabe ganador en el fracaso del actual gobierno que él mismo compone.

La ultraderecha europea (y americana) viene fortaleciéndose año a año desde la gran  crisis financiera de 2008, teniendo como campo fértil las sociedades golpeadas por los recortes presupuestales, las dificultades en la búsqueda de empleos dignos y el empeoramiento en la calidad de vida en general. La izquierda, abocada mucho más a luchas identitarias, de minorías y simbólicas, antes que a plantear alternativas económicas y políticas al malestar provocado por las consecuencias de una economía globalizada y financiarizada en forma suicida, dejó en manos de una ultra-derecha nacionalista -que había sido mínima en términos electorales, hasta ahora- esas banderas que históricamente habían hecho suyas.  Así es cómo basadas en el nacionalismo excluyente – no pocas veces entrelazado con un supremacismo étnico-religioso-, el soberanismo económico, el proteccionismo cortoplacista y la defensa de valores “tradicionales” (que es otro tipo de identitarismo), la Derecha de Trump en USA, LePen en Francia, Salvini en Italia, Kurz en Austria, Vox en España, etc (Bolsonaro en Brasil, también)., se abrió camino y pisa fuerte en el panorama político de sus países.

Las alternativas que puede plantear la Derecha no son las mismas que las que podría plantear la Izquierda, pero la diferencia hoy residente en que la primera las plantea, y la segunda se divide entre la parte que decidió adaptarse al statu quo hoy rechazado por grandes grupos sociales, y la que está demasiado desorientada como para plantearlas. Así las cosas, a la ultra-derecha le basta con decir las cosas con firmeza y criticar al establishment para hacer ruido y captar cada vez más votos.

El caso de Italia es paradigmático en este último sentido, y la alianza Lega Nord-5 Estrellas es muestra de cómo un discurso que defiende las jerarquías sociales, los intereses económicos de una minoría super rica y un nacionalismo fascistoide puede -en la lucha sin escrúpulos por el poder- unirse circunstancialmente con otro bloque de descontentos que en teoría defienden objetivos muy distintos (la democracia directa, la “renta mínima universal” para todos los ciudadanos, la lucha contra la corrupción), encolumnados por la mismo desprecio hacia el establishment (aunque no por los mismos motivos, ni tampoco deseando en el fondo las mismas soluciones).

Y aquí hay que señalar el componente que hace aún más trágico paradójico el panorama del ascenso derechista: las críticas al establishment están totalmente justificadas. La primera muestra de ello en Italia fue el veto que se impuso desde Berlín (capital del líder económico indiscutido de la Unión Europea, Alemania) al Ministro de Economía – que había sido designado por la coalición de gobierno- por intermedio del Presidente Italiano* , debido a sus ideas contrarias a la unión económica de Europa (ideas que llevaron a la coalición a ganar la mayoría parlamentaria en la elección, limpia y democráticamente). La “ingobernabilidad” provocada por un sistema institucional discutible, una política presionada y permeada por intereses ajenos a los soberanos, y una democracia de dudosa efectividad frente a lo anterior, es caldo de cultivo para que grupos radicales crezcan basados en razones nada descabelladas. La frustración genera resentimiento, y del resentimiento nacen los aspirantes a “vengadores”, esos que prometen restituir la dignidad y fuerza a la nación, que suelen tomar formas y discursos mesiánicos.

Algo a lo que no estamos habituados porque, justo es decir, se dan extraordinariamente: la confusión general, y los liderazgos radicalizados que de ella surgen, son producto de circunstancias propias de los tiempos de rupturas epocales del orden social y económico. Quizás lo más parecido al actual contexto italiano en este sentido, y salvando las distancias, sea la malograda República de Weimar de entreguerras. Y no hace falta recordar lo mal que terminó…

Éste proceso de degradación social y económica, agitación de una política errática tendiente a radicalizarse, comienza a hacerse notorio también en nuestro país, aunque aún de forma subyacente y de incierto destino. Será cosa de otra columna el abordar esta tendencia en el escenario del Uruguay.

En varios países europeos los presidentes tienen poder de “designación” para lograr formar gobiernos en sistemas parlamentaristas donde a veces las mayorías deben formarse con coaliciones multipartidarias. Aunque pocas veces visto -ya que no era ese el objetivo constitucional de darle tal poder a la figura presidencial- también pueden bloquear nombramientos, como en el caso del presidente Sergio Mattarella evitando la designación del economista euroescéptico Paolo Savona como ministro de gobierno de la coalición Lega Nord- 5 Estrellas en junio de 2018.

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