El prejuicio de pensar…

hombre pensando y los prejuicios
El prejuicio de pensar

Por Facundo Olivera Ordeig

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En una sociedad democrática cada ciudadano es responsable de sus actos, parte de nuestro deber es respetar las normas vigentes, participar en el acto electoral y tener conocimiento de las cuestiones nacionales o departamentales, pero ¿acaso se nos educa para ser ciudadanos responsables o se nos educa para reproducir aquello que se nos dice? ¿acaso el Gobierno Nacional se preocupa por esta problemática o la fomenta a través de medidas que perjudican a la educación como puede ser el querer eliminar la repetición?




Todos nosotros somos capaces de pensar, es parte de nuestra esencia, pero gran parte de nuestro pensamiento es parcializado, arbitrario, desinformado o prejuiciado mientras que nuestra calidad de vida, lo que producimos, construimos, hacemos o decimos depende necesariamente de nuestro pensamiento.

¿Cuánto nos cuesta un pensamiento de mala calidad? ¿Cuánto nos cuesta monetariamente? O peor, ¿Cuánto nos cuesta en calidad de vida?

El cuestionamiento, el análisis, la adquisición de conocimientos contrastando o recabando datos de diferentes fuentes, el estimular la asociación de ideas o saberes para la construcción de argumentos y que esos argumentos sean los que soportan el criterio con el que luego seremos capaces de tomar una decisión; no puede ser algo secundario, sino que debe ser la base de nuestro sistema pedagógico. Si no se fomenta desde una edad temprana se presentan dos opciones, el desarrollo del mismo por voluntad propia, el cual tarda en desarrollarse, o la reproducción de las conductas de nuestro entorno, esta última acarrea una lista de problemas tan larga como grave tanto para uno mismo como para la sociedad en su generalidad.

Me gustaría dar dos claros ejemplos sobre la distorsión de prioridades.

Durante tres años en Secundaria se educa sobre funciones matemáticas, si establecieramos un porcentaje, con seguridad ni el 50 por ciento las utilizaremos a diario, pero todos, sin excepción alguna, tomaremos decisiones cada hora de nuestras vidas. También, por otra parte en estos últimos tiempos se pretende educar en ideología de género, seamos honestos, debemos respetar a la persona por el hecho de ser persona, pero ¿es necesario dedicar horas y más horas de clase a esta temática? No lo creo, le es conveniente al gobierno de turno mientras que el pensar críticamente, no conviene para la campaña política de aquellos que prometen sabiendo que nada cumplirán.



La decisión que más nos beneficia o más nos perjudica actualmente es tomada con base en la simpatía, la popularidad, las tradiciones familiares, por último, las propuestas concretas de los candidatos, ¿no debería ser al revés? Primero la propuesta, después la simpatía que se le tenga a la persona, se es capaz de dejar de lado hechos de corrupción, escándalos públicos o malas gestiones por el simple hecho de que “es popular”, “la izquierda sería peor” “la derecha no puede volver”. ¿Les parece lógico o coherente? Como estas, existirán en mil situaciones basadas en lo mismo, prejuicios, simpatías, rechazos, etc.

Necesitamos pensar, necesitamos propuestas reales, necesitamos ejercer una ciudadanía responsable, pero lo que más necesitamos es que las futuras generaciones no deban pasar por lo que nosotros sí, nuestra sociedad puede disminuir la corrupción, el delito, los prejuicios, si tan solo en la escuela y el liceo se crease una materia dictada por profesionales en la que se enseñe cómo pensar críticamente.

Aquellos que consideren como equivocado el hecho de enseñar cómo pensar críticamente, quiero preguntarles ¿por qué?, ¿en qué basas tu posición?, ¿cuál es el argumento o la evidencia que respalda tu posición?, ¿dónde puedo conseguir dicha información?. Si no podes, no te preocupes, es porque no te enseñaron a pensar críticamente.


Tec. Facundo Olivera Ordeig




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