El negocio del miedo y los señores del poder

Coronavirus

Por Esteban Queimada

Esteban Queimada
Conductor de Bajo la Lupa programa periodístico en 970AM Radio Universal y Journalist en SU Noticias. Síguelo en Twitter

Ni escepticismo ni paranoia

Una catarata constante de pánico y paranoia, un plan perfecto diseñado y financiado para la autodestrucción, para la aniquilación de algunas clases sociales, para borrar una franja etaria del mundo que no genera, consume recursos.

Un virus tan mortal como la ignorancia, tan letal como una simple gripe en un enfermo de sida, tan peligroso como andar en moto sin casco, tan tratable como una bacteria en un inmunodeprimido.

La diferencia está en la promoción y la comercialización del virus, el espacio que ocupa en las redes y en los medios de comunicación, en el orden de agenda de las grandes corporaciones, desinformativas y serviles a los grandes capitales que dominan el mundo.

En Uruguay se diagnostican 1500 casos al año de cáncer de próstata seguido del cáncer de pulmón y de colo-rectal. Sin embargo, en cuanto a mortalidad el primer lugar, lo ocupa el cáncer de pulmón con mil fallecidos promedio por año.

En cuanto a las mujeres, en el mismo período de tiempo, tanto en el diagnóstico como en la mortalidad, el que se ubica primero es el cáncer de mamá, con 1900 casos nuevos por año y 650 fallecidos en promedio.

Unas 350 personas al año mueren en siniestros de tránsito, otras 400 mueren por incidentes violentos y a manos de la delincuencia, unas 2400 por enfermedades cerebro vasculares, 2400 isquémicas del corazón, 100 por insuficiencias cardíacas, 450 por enfermedades de arterias y vasos, 200 por enfermedades cardiopulmonares y unos 250 niños mueren antes de cumplir el primer año, estos entre otros datos, no son constantemente recalcados por la prensa.

Las necesidades de la población vulnerable no ocupa las portadas, sólo se remarcan tibiamente cada 5 años con fines meramente electorales. No se habla de las zonas inundables, sólo cuando se inundan y por un par de días hasta que sale el sol nuevamente y nuestra sensibilidad pasajera, se evapora como el agua de las precarias casas devastadas por las inclemencias del tiempo.

Los movimientos sociales e ideológicos tapan todos los verdaderos flagelos que aquejan a los uruguayos y al mundo, además de ganar protagonismo en los medios de comunicación. Pero lo extremadamente contradictorio es la cantidad de dinero con el cual son financiados, ya que con la misma inversión se podrían erradicar muchos males y muchas desigualdades que terminan con la vida de miles de seres humanos por minuto.

La casta política local y la mundial, jugando al ajedrez con nuestros cerebros, manipulándolo mientras estrujan nuestros bolsillos y nuestra psiquis. Estos señores del poder no se ajustan, no se quitan beneficios, no ceden un ápice de su vida burguesa para ayudar al prójimo, a su tan nombrado “pueblo” en sus discursos persuasivos de campaña y es por esto que todas las banderas partidarias, no sirven cuando se flamean en contra de los ciudadanos comunes, porque esto sólo llena las urnas del ego de los ciudadanos clase A y no curan ningún virus, ya que los sesgos ideológicos frente a una Pandemia, sólo son otra mutación del mismo virus.

El miedo y la incertidumbre generan estrés y este debilita nuestro sistema inmunológico, el cual debe estar fuerte para hacerle frente a este virus y a otros no tan promocionados.

Es imperiosamente necesario levantar la vista del celular, apartarla del informativo y leer, volar más allá de la inmediatez comercial de las corporaciones cómplices del caos mundial, encontrarnos a nosotros mismos por un instante, respirar hondo mientras nos quede un poco aire limpio para llevar a nuestros pulmones, conectarnos con lo que somos, seres humanos pensantes e independientes, para alejarnos de la masa convulsionada y atemorizada.

Este virus se propagará un poco más, lloraremos decesos, nos sacudiremos el polvo y volveremos a empezar como lo hemos hecho antes. Y cuando pensemos que lo peor ya pasó, fabricarán otro virus y volveremos al estado de paranoia, pero esta vez más preparados, más sabios, más valientes, más inteligentes, menos manipulables e hipócritas, pero sobre todo, más humanos.

Esteban Queimada.

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