El mundo se detiene ante el coronavirus y el planeta respira

Canales Venecia
Por la cuarentena, los canales de Venecia tienen agua limpia y peces

Medio Ambiente

Calles desiertas y silenciosas en donde se vuelve a escuchar el canto de los pájaros son el paisaje habitual por estos días en grandes megápolis y ciudades turísticas como Roma, Nueva York, Venecia o Madrid.

Un nuevo patógeno de la familia de los coronavirus se ha convertido en una pandemia que ya ha matado a cerca de 8,000 personas y contagiado a cientos de miles en el mundo, sin que puedan conocerse las cifras reales con precisión.

El alto grado de propagación ha obligado a tomar medidas extremas y en muchos países se han impuesto cuarentenas y se ha limitado considerablemente el movimiento de las personas y su exposición. Es la única manera de descender la curva de contagios, que, de ser masivos pueden llegar a colapsar los sistemas sanitarios, por muy avanzados que sean, como está ocurriendo en Italia.

La humanidad se enfrenta a un reto sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. El coronavirus está impactando directamente nuestra forma de vida y arrastrando a la humanidad a una crisis económica, que evidencia que los esquemas actuales no solo son vulnerables sino que a la larga son insostenibles.

En medio de la crisis, el parón que está sufriendo la sociedad global deja entrever a un claro beneficiario de esta pandemia: el planeta tierra, que se alivia de forma proporcional a la ralentización del ritmo desenfrenado de la vida humana como muestran estos indicios:

La disminución de la polución salva más vidas

Al detenerse las fábricas e industrias de Hubei, el epicentro del brote, que surgió a finales de 2019 en esa provincia china, sus habitantes, recluidos en sus hogares por la cuarentena, empezaron a ver después de mucho tiempo los cielos azules.

Un informe del Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China detallaba que el número promedio de “días de aire de buena calidad” aumentó en un 21.5% el pasado mes de febrero, durante la férrea cuarentena en ese país.

Y esto no solo en Hubei, sino en toda China, y ya se está empezando a notar en el resto del mundo. Así lo muestran estas imágenes satelitales publicadas por la NASA y la Agencia Espacial Europea.

François Gemenne, director del Observatorio Hugo, que estudia las interacciones entre los cambios ambientales, la migración humana y la política, dijo que al final de todo esto, el número de muertos por el coronavirus sería mucho menor que las víctimas por la contaminación atmosférica, según un reporte de CNN.

Más de un millón de personas mueren anualmente en China por esa causa y se estima que en Estados Unidos la cifra es de unas 100,000. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la cifra global asciende a unos 7 millones.

Reducción de los vuelos y del turismo ‘depredador’

La drástica disminución en el número de vuelos de las aerolíneas, impulsada por las cuarentenas y las restricciones de viajes en Europa y Estados Unidos, entre otros, han contribuido notablemente a la reducción de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, que persisten a grandes alturas.

Al mismo tiempo, y en estrecha relación, una investigación publicada en Nature Climate Change en el año 2018 confirma que el turismo ya constituye alrededor del 8% de las emisiones de carbono de todo el planeta, con cifras de hasta 2013, que se estiman ampliamente superadas: sin contar el impacto ambiental que tiene en la vida de las ciudades y pueblos. Todo ello producto de una actividad humana con propósitos recreativos y de puro consumo.

Una infografía del diario The New York Times que rastreó el período de tres semanas del 23 de enero al 13 de febrero reveló que el número de salidas y llegadas diarias para vuelos nacionales e internacionales dentro y fuera de China se desplomó de 15,072 a 2,004.

Antes de que el presidente Trump impusiera restricciones de viaje a los países europeos, ya la Asociación Internacional de Transporte Aéreo estimaba que el virus costaría a las aerolíneas internacionales hasta 113,000 millones de dólares.

Esta notable caída de los vuelos en todo el mundo y del turismo depredador en las ciudades, aunque tendrá una considerable repercusión económica, ha demostrado en tan poco tiempo el impacto de estos factores en el medio ambiente y cómo el ser humano realmente podría vivir sin hacer un uso extensivo de ellos.

La comida, queda por ver su uso en esta cuarentena

Un artículo del diario The New York Times cita al profesor Christopher M. Jones, desarrollador principal de CoolClimate Network, un consorcio de investigación aplicada del Laboratorio de Energía Renovable y Apropiada de Berkeley, quien estudia la huella de carbono relativa a comer en casa o salir a comer fuera.

Según este experto, hasta ahora los resultados de las cuarentenas impuestas a causa de la pandemia de coronavirus son confusos. “Todavía no tenemos evidencia concluyente”, dijo, citando los beneficios comparativos de la eficiencia de comer fuera y los desperdicios involucrados en la preparación de comidas en el hogar.

“Desperdiciamos alrededor del 25% de los alimentos que compramos”, dijo. También hay que tener en cuenta las distancias recorridas en vehículos para comprar o disfrutar de esos alimentos.

Ante la cuarentena y el desabastecimiento causado por el pánico en la población, las compras de comida deben ser más rigurosas y al cocinar en los hogares en este contexto se debería hacer un uso más racional de los alimentos, así como aprovechar para cuidar una dieta balanceada y reducir el consumo de carnes rojas. Está por ver cómo se asume esta situación, que amenaza con extenderse, y que variará según regiones, países y culturas.


De forma general, las cuarentenas impuestas en diferentes latitudes del planeta, unas más estrictas que otras, están limitando la movilidad de las personas y por tanto, el libre albedrío del consumo, a no ser el consumo tecnológico, que ha subido exponencialmente por estos días, como las suscripciones a Netflix, HBO y otras plataformas, aunque las compras online también han tenido un alza.

“Todas estas precauciones adicionales que las escuelas y las empresas están tomando para mantener a las personas en sus hogares están salvando vidas, y eso es claramente lo más importante”, dijo el doctor Christopher M. Jones a The New York Times. Además, las acciones que las personas están tomando en respuesta al brote de coronavirus podrían tener un impacto directo en la reducción de nuestra huella de carbono, agregó el experto.

Pero también hay otros elementos negativos en detrimento del planeta que pueden aumentar por estos días de cuarentena en los que se batalla contra la pandemia del nuevo patógeno de la familia de los coronavirus.

Un ejemplo de ellos son los residuos hospitalarios, que están incrementando en todas partes del mundo, dada la necesidad de usar una sola vez y durante pocas horas los trajes y demás utensilios de protección del personal médico, así como todo el avituallamiento de los pacientes ingresados, medicamentos, etc.

Sea cual sea el impacto final de esa crisis, algo positivo está dejando claro: reducir la huella de carbono es posible, transformar nuestro modo de vida y su impacto medioambiental no solo es realizable, sino que puede conseguirse en poco tiempo gracias a la acción global.

El pánico ante el coronavirus y la respuesta colectiva ante esta pandemia podrían servir para ilustrar lo que se puede conseguir entre todos si se hace conciencia de que el cambio climático es una realidad que mata a más personas cada año que este nuevo virus.

Fuente: Univisión

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