El desafió de una generación perdida

Generación perdida
La pérdida de puestos de trabajo junto a políticas deficientes implementadas desde distintas administraciones se suman al problema educativo para hablarnos de una generación que será difícil de recuperar.

Por Facundo Olivera Ordeig

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Tec. en Gestión Turística y Hotelera. Dirigente de @CimarronesPN. Lista 66. Congesal Nacional (s) por la Juventud del Partido Nacional. Síguelo en Twitter

Nos encontramos frente a una compleja situación en la que no se puede responsabilizar a un jerarca o a un legislador en especial pues la misma se ha creado por la sumatoria de medidas que desde las distintas administraciones se han implementado, lentamente se ha dado forma a un monstruo que en algunos pocos años arremeterá contra nuestra sociedad desde el ámbito económico, sanitario y laboral entre otras a tener en cuenta, pero los errores que se han cometido no pueden ser corregidos, será deber del siguiente gobierno aplicar una serie de remiendos para contener el daño que se le ha hecho a decenas de miles de jóvenes. ¿Por qué una generación perdida?

Es necesario ir al origen de la cuestión, en este caso el sistema de educación pues el mismo se puede considerar el punto de partida para nuestros jóvenes, y aunque supimos contar con un modelo ejemplar en la región y en el mundo, el cual puede ser con el que creciste, los casi quince años de gobiernos de “izquierda” lo han inundado con una falsa promesa de progreso que ha rebajado la calidad de los programas de estudios, de las actividades vinculadas y de los resultados esperados.

Esto se suma a las violaciones de la laicidad, a la politización del estudiantado – cosa a debatir – y a un sistema que en sí mismo se ha quedado estancado en el tiempo, el cual, cuenta con un alto índice de deserción, protagonizado en primer lugar por adolescentes de sectores vulnerables de nuestra sociedad, y es por esta que deberemos de entrar en las políticas de desarrollo, las cuales si bien son necesarias, su implementación ha generado dependencia y la desvalorización de la cultura, de los estudios y del trabajo pues, a pesar de ser entendible, en una situación de pobreza las prioridades cambian, y el subsidio da posibilidad de subsistir, uno de sus principales problemas, haciendo que las antes mencionadas se conviertan en necesidades secundarias o terciarias.

Estar aristas se traducen en adolescentes poco formados tanto por cantidad como por calidad, quienes han perdido el interés en progresar cuentan con el Estado, en cambio, quienes desean seguir adelante se deberán enfrentar a un mercado laboral que exige profesionalización constante mientras se reducen la cantidad de vacantes por responsabilidad de una carga tributaria que ve al empresario como una vaca que constantemente debe alimentar las arcas públicas, por una sociedad perjudicada económicamente y por la constante rivalidad generada por los sindicatos, entre otras que deberán quedar de lado para evitar extenderme en demasía. 

Tomando datos oficiales e internacionales sobre nuestro país, se encuentra que los menores en vulnerabilidad social que legalmente pueden trabajar son aproximádamente 20.250, de los cuales, según la tasa de desempleo juvenil, únicamente 5.062 tendrán un lugar vacante en el mercado actual, lo que no asegura un empleo pues aquí entran distintas variables como la educación, la imagen, el contexto, entre otros requisitos que conseguirán priorizar a otros candidatos mientras se perpetúa la vulnerabilidad.

Contamos con una generación perdida pues hemos perdido años de trabajo para con ellos, lo que impactará con un aumento de las condiciones precarias de vida, en el deterioro de su salud, en el embarazo adolescente, en la criminalidad juvenil y nuevamente, en la perpetuación de la vulnerabilidad y por consiguiente en la dependencia hacia el Estado. Las medidas que deberán implementarse se encuentran en trabajo, pero no significan una mejora drástica sino paulatina, y que tendrá efectos con el paso del tiempo, por lo que deberemos esperar para hallar

Hasta la próxima semana.

Tec. Facundo O. Ordeig

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