Cata Ferrand: “Me desearon que violen a mis hijas. ¿Eso es sororidad, empatía?”

Catalina Ferrand

Esto es feminismo

Catalina Ferrand (44) aprovecha el día libre que le dio revista La Compañía para relajarse en el sillón. Habla, y dice cosas. Esta no es la típica entrevista de una revista rosa donde se habla del amor, los hijos y la paz mundial. Aviso: el que tome a Cata por una comunicadora tibia, le erra fiero.

En el living del apartamento de Punta Carretas que comparte con el periodista Federico Buysán y los hijos de ambos, explica por qué en su momento se inclinó por defender la inocencia del artista tropical Gucci Serafini y no creerle a las chicas que denunciaron en redes sociales el acoso sexual del cantante. Explica lo que tuvo que soportar por haber tomado esa decisión al aire en su programa de VTV (le desearon que sus hijas fueran violadas o tuvieran un novio golpeador para que “aprendiera”). Eso le dio “asco”, la “enajenó”. Ferrand se pregunta cuál es la verdadera cara de la sororidad y la empatía cuando otra mujer, que no piensa como ella, le desea semejante castigo o se ríe de otras pares por gordas, feas o pitucas.

Ese feminismo, “enchumbado de política barata”, y radical al extremo, le molesta soberanamente.

Este febrero, la profe de fitness a la que se le daba muy bien salir en cámaras, está viviendo la experiencia inédita de salir en carnaval. Sucumbió a la oferta del director de La Compañía y hoy sale a actuar en tablados y el concurso oficial, aunque se haya tenido que resignar a no bailar en las Llamadas.

Ya no va de espectadora al Sporting, pero ha visto murgas, y le cuesta creer la postura apocalíptica de algunos conjuntos que pintan el futuro de negro. Dice que ese discurso hostil hacia el nuevo gobierno no hace más que ensanchar la grieta vivida durante la campaña electoral, y flaco favor le hacen al país.

Tras su pasaje por la fiesta de Momo, Ferrand tiene otro desafío laboral en ciernes: un programa de TV que compartirá con otras mujeres. Pero ahora mismo nada la entusiasma más que contar la historia de una mujer cuyas decisiones no siempre pueden tomarse tirando una moneda al aire. A veces no.

-¿Qué querías ser de grande cuando eras chica?

-De chica no recuerdo nada. Hice toda la carrera de Relaciones Internacionales, me quedaron siete exámenes pendientes (uno de tercero y seis de cuarto), pero cursé toda la carrera. Hice todo lo que quise. Psicología y veterinaria me gustaban también. Pude haberlas seguido…

-Fuiste instructora de fitness… ¿Cómo se da tu desembarco en la TV?

-Mi llegada a la televisión fue totalmente casual. Yo jamás pensé en estar en la tele. Primero empecé en canal 10, en un programa que se llamaba En la tarde, en el 2002., con producción de Tenfield. Era notera con notas de color de la ciudad, y después pasé a piso. Yo era instructora de fitness, daba clases de yoga y de baile. Di fitness 20 años, hasta 2018. En aquel momento quise hacer un video de gimnasia, tipo Catherine Fulop o Jane Fonda en los 90. Conseguí sponsors, y edité tremendo video que tengo por ahí. Lo filmé en el Sheraton. Lo hice para la suscripción de una revista, porque me divertía. Y entonces, Sonia Baldi, una modelo clásica de antes, era una de las alumnas, y me dijo: “Tenés tremendo manejo de la cámara. ¿Por qué no probás hacer algo en TV?”. “No sé”, le dije. “Creo que el medio televisivo no es lo mío”. Y ella me contactó y empecé en canal 10. Vieron el video de mis clases de gimnasia y les gustó. Y después, bueno, en el 12 me vieron en el programa del 10, me llamaron y tuve una reunión con Alejandra Borques para notera de Verano del… y el primero que hice fue el de 2003.

-Crees que una jovencita de 20 años hoy, ¿dejaría pasar la chance de estar con el cantante Enrique Iglesias, si éste se lo propusiera como te lo sugirió a vos tras conocerlo?

-Es un tema de personalidades… En el 2030 o el 2050 va a pasar lo mismo. De hecho, no sé si siendo una mujer adulta como soy hoy, y estando soltera, no le daría bola. Pero en aquel momento yo estaba re enamorada de mi pareja. No se me fue la chaveta ni medio segundo. Ese encuentro se dio porque unas amigas tenían contacto para ir a una sala VIP, fuimos, hubo contacto visual. Nos invitó a cenar con él y su equipo, y uno de su equipo dijo: “Sigan mi van”. Yo iba atrás de la van de ellos, y Enrique Iglesias sacó la cabeza y gritó: “¡Catalina!”. Y después, en el restorán, cuando fui al baño alguien de su equipo se me acercó y me dijo que él quería estar solo conmigo en el hotel, que me quería conocer. Él tenía mi edad, más o menos. Estaba en su auge, eran los tiempos de “Una experiencia religiosa”. Pero estuve muy segura de decirle que no.

-¿El magazine matutino Día Perfecto (Teledoce) fue el gran mojón de tu carrera como comunicadora?

“Si yo necesito haber nacido en Piedras Blancas y decir ‘gurises’ para poder llegarle a la gente, no sé, me parece un divague. O que se burlen en Twitter porque ahora estoy en carnaval… me parece un divague”

-Y sí, por la visibilidad diaria. Mi rol como comunicadora principal tal vez lo tuve después en VTV, más comandando el equipo al aire. En Día Perfecto yo me encontraba en otro momento de mi vida, y no soy arrolladora, más bien sentí que tenía que mirar mucho a Figue (Alejandro Figueredo) y tenía que seguirlo a él. Yo tomé un lugar de ser la que descontracturaba, la que aflojaba, la que hacía divertir. Yo estaba más cauta, esperando más la mirada de aprobación de Figue.

-Recuerdo que a los integrantes de Día Perfecto (Figueredo, Fede Buysán, vos, Nelson Fernández, entre otros) los tildaban de “chetos”, incluso en carnaval. ¿Cómo lo tomaste? ¿Te afectó?

-Bueno, ese es un estigma del 12 en general. Pero yo me lo tomo plin. Incluso gente de los medios nos tomaba el pelo: “Ay, sí, ‘las chicas’ de Día Perfecto”. Era como un estereotipo, también por Jujy (Fabini), con Sofía (Rodríguez) también, Xime Torres, Xime Barbé… Pero me parece una visión muy barata. Sí capaz que tenemos un prototipo, una manera de hablar, pero lo veo como una simplificación. Los medios son para todo el mundo. Si yo necesito haber nacido en Piedras Blancas y decir “gurises” para poder llegarle a la gente, no sé, me parece un divague. O que se burlen en Twitter porque ahora estoy en carnaval… me parece un divague. No tienen ni idea la vida que tuve, con quién me codeé, si me salí de los lugares comunes, qué tipo de familia tengo. Eso le ha pasado también a Victoria Rodríguez. Yo nací en tal barrio, fui a determinado colegio, sí, o que tuve tal tipo de parejas…. Pero mi vida es mucho más que los pasos que la gente conoce. Mi familia es mucho más que haber nacido en Pocitos o en el Cerro. Pero a la gente que le gusta estigmatizar, está todo bien.

-¿Qué significó Acá te quiero ver en tu carrera?

-Primero que nada, fue en un canal mucho más popular, un canal con una identidad más abierta a todo el mundo, alejada del estereotipo del 12 que capaz te tiene dentro de un molde. En VTV sentí que capaz que podía ser más yo, con mi naturaleza, con mi verborragia, con mi espontaneidad…

-¿Entonces en VTV podías ser más vos misma que en el 12?

-Yo creo que sí. Pero también hay que tener en cuenta lo que yo fui creciendo. Si VTV me hubiese agarrado en 2010, yo no era la misma mina que soy ahora. Si en marzo o en agosto (de este año) vuelvo al 12 con un proyecto mío, no voy a ir para atrás y tratar de encajar en determinados cánones. Hay un tema de crecimiento personal, y yo no soy la misma de un año al otro, nunca. Por eso digo: no quiero ser injusta con el canal (12). Es una cuestión personal.

-En abril de 2018, y a solo dos semanas de haberse estrenado Acá te quiero ver en la tarde de VTV, una de las panelistas, Mariana Olivera, renunció. Dijo que era por motivos personales y se lamentaba de no haberse dado cuenta antes que ese no era su lugar. Una semana antes se había dado un choque por las denuncias de acoso sexual que vinculaban al Gucci. Vos lo defendiste, en el entendido de que no había sido juzgado por la Justicia, y ella señaló que había que darle voz y credibilidad a las chicas que habían denunciado en redes sociales las conductas impropias del artista. ¿Te arrepentís de algo sobre cómo actuaste en ese episodio puntual? Porque terminó en la renuncia de una integrante del grupo, cuando el programa todavía era nuevo…

-No, no me arrepiento. Me dio mucha pena su renuncia. Creo que vos no podés estar en un camino que te desorienta o te aparta de lo que crees. Por eso creo que hizo bien (en renunciar al programa). Lo que no entiendo, por mí manera de ser, es cómo alguien puede amar a alguien, odiar a alguien… yo no soy una persona de estallidos, soy muy sólida. No me va esa cosa de: “Cómo voy a aprender contigo” o “cómo te quiero” y esa cara (después) de desagrado por haber tomado partido (por el Gucci)… Me hubiese encantado que ella hubiese respetado lo que yo pensaba, y haber llegado a una desvinculación un poco más amorosa, porque fue muy abrupta su salida. Y me dolió. Si no me hubiera importado la persona o hubiera creído que no valía, me hubiera matado de risa, pero como creí que sí, fue una pequeña desilusión.

-Pero respecto al episodio de las denuncias en redes sobre el Gucci, ¿vos seguís pensando que actuaste correctamente?

-Yo no quise defenderlo a él porque fuera mi amigo, porque no lo es. Le tengo cariño, pero casi por una cuestión de percepción… Pero a mí me da mucho miedo las cosas que se dicen en las redes. También las he escuchado sobre mí, las he escuchado sobre gente que quiero, te podría dar mil ejemplos. Y la gente que me rodea es como yo. Federico (Buysán) es como yo, y no “mata” gente. Él se entera de un quilombo a nivel personal de alguien y lo lamenta en privado, pero no lo va a comentar en público. Somos así nosotros. Pero vuelvo al tema del Gucci: me pareció que tildar a una persona de violador, como se dijo, realmente me pareció que si yo hablaba desde un lugar inquisidor, de verdad me hubiera sentido muy tirana. Me desagradó la manera en cómo se trató el tema del Gucci.

-¿Y no crees que te faltó sororidad, como se dice ahora? Eso fue lo que se te señaló.

-Mirá, en la carnicería de las redes por tomar una postura que se notaba más defensora de la posible inocencia del Gucci ante las chiquilinas que escribieron en las redes, muchas de esas mujeres me desearon que a mis hijas las violaran, o tuvieran novios golpeadores, para que yo “aprendiera”… Y eso me asquea. Me enajena. Si esa es la verdadera sororidad o empatía…

Respecto a cómo actué yo en aquel momento, capaz que debí haber actuado diferente para agradar a las que pensaron que hacía las cosas mal para las mujeres. Me considero una persona feminista de sentimiento. Capaz que esas mismas personas que te dicen en redes “vos trola, que te acostaste con tal o con cual” o “gorda”, “fea” o “pituca”, son las mismas que después te reclaman sororidad y empatía… Capaz que pude haberlo manejado diferente, pero lo hice con toda la espontaneidad, viendo una situación de lejos y bajo mi visión, me permití dudar de toda esa tirada de piedras.

“En la carnicería de las redes por tomar una postura sobre las denuncias al Gucci, muchas mujeres me desearon que a mis hijas las violaran, o tuvieran novios golpeadores, para que yo aprendiera… Y eso me asquea. Me enajena”

Yo no tenía un programa ni político ni social donde desde ese lugar yo tuviera la capacidad de manejar esos temas. El programa no era eso, yo no tenía ese formato. Si yo tuviera un programa dedicado a temas sociales, cosas que pasan en el día, y le tuviera que hincar el diente, lo hubiera hecho. Pero no tenía ese tipo de programa, tipo Esta boca es mía, o Santo y Seña, donde estabas vos. Capaz que ahí me tomo el trabajo de saber un poco más. Hay cosas que veo que están unidas a la política y me parece que están enchumbadas en política y en política barata, que no está fundamentada, que miran para un lado y para el otro lado son mucho más indulgentes. Entonces, no creo en algunas batallas.

-¿Y crees que el feminismo está “enchumbado” en política?

-Muchas instituciones que no voy a nombrar tienen mucha política. Muchas mujeres trabajan de una manera honesta, como Teresa Herrera, que no se une a ninguna bandera política y trabaja por las mujeres hace mil años. La idea de declarar el tema emergencia nacional ella lo había planteado hace montón de tiempo. Y también hay otras mujeres políticas que no se unen con esta desmesura a los lemas feministas. Yo estuve en el primer Monólogos de la vagina, junto con Glenda Rondán, Beatriz Argimón, con Mónica Xavier, y desde ese día soy amigo de ellas…

-¿Y no está bien que el tema se politice para que se logren cosas?

-Una cosa es que se politice y otra cosa es que aprovechen de los temas femeninos para hacer política para su molino. Y son temas muy delicados, y cuando en las redes se ven denuncias, donde luego la propia chiquilina que tiró en redes: “¿A ustedes también las acosó el Gucci?”, no le había pasado nada a ella a nivel personal. Fueron al juzgado con sus padres, y ella dijo que había hecho una broma. Creo que no dimensionan en daño que pueden hacerle a alguien desde ese lugar. Entonces, a mí me da miedo hacerme eco de eso.

-En marzo del año pasado, con solo un año al aire, VTV dio de baja el programa por motivos comerciales. ¿Qué reflexión te merece hoy?

-Duró un año. Los medios son así… ¿Sabés por qué te lo digo? A mí no me enojó que un canal no pudiera solventar un programa donde yo estaba. Lo que me pasó fue que yo no pedí estar ahí, yo no pedí tener un programa mío, pero te sacan de un lugar, te ponen ahí y después, te quedaste sin trabajo. Más allá de todo el corazón que le puse a Acá te quiero ver, incluso arrimé algún cliente… Son un poco egoístas, juegan un poco con tu tiempo, con tus ilusiones, y más allá de lo romántico, era un proyecto donde yo estaba muy metida. De un día para el otro fue: “Te ponemos acá” y de un día para el otro “te sacamos porque no te lo podemos solventar”. Y en realidad, ahí había una puja de intereses de gente mucho más importante que yo. Entonces, ¿por qué no arreglan ustedes y después nos dicen a nosotros qué hacemos? Ese manejo erróneo de la situación por problemas que excedían al programa no me gustó.

-¿Cómo nació la invitación de participar en carnaval, específicamente en revista La Compañía?

-Gustavo Pérez -el dueño de La Compañía- nos fue a ver a Sinergia Design, donde hacíamos teatro breve con Alejandro Martínez, con quien él tenía amistad. Gustavo Pérez me vio y le dijo a Ale: “¿Cata no querrá hacer carnaval? ¡Es tremenda comediante! No sabía que tenía tan buen humor”. Mi personaje estaba de las chapas mal, era bastante exacerbado. Me lo propuso, y le dije que ni loca, que no me veía ni ahí, con la locura del carnaval, los ensayos del carnaval… No me veía con esa pasión que otros tienen. No era un sueño que yo tuviera. Si algo sí me hubiera gustado hacer -si yo tuviera todo donde tiene que estar-, eso hubiera sido bailar en las Llamadas. Eso sí, porque toda mi vida me gustó bailar, trabajé mucho el físico durante gran parte de mi vida, entonces me hubiera encantado haber tenido una pasada por Isla de Flores. Pero bueno, las cosas pasan o no, no todo es para mí.

-¿Con qué te sedujo para convencerte?

-Fue muy astuto, muy inteligente. Me dijo que era un ambiente muy familiar, que podía ir con mis hijas, que no era como el de las murgas o los parodistas, me dijo que él me iba a cuidar. Iba a tener un rol protagónico en la actuación junto con otros dos actores. Pero lo que fue determinante para mí fue que hace muchos años que yo no tenía un trabajo fijo: di 10 años clases los sábados de mañana, por ejemplo, por lo cual no podía salir los fines de semana. Siempre pude laburar de lo que me gusta. Esta vez me agarraba sin programa diario, sin el yugo diario de la televisión que es muy desgastante, y bueno, fue el momento ideal para aceptar y asumir ese desafío.

“Gustavo Pérez me dijo que era un ambiente muy familiar, que podía ir con mis hijas, que no era como el de las murgas o los parodistas. Pero lo que fue determinante para mí fue que hace muchos años yo no tenía un trabajo fijo”

Me terminó convenciendo que estaba Ale Martínez, con quien trabajé en 2015 en El secreto de la vida de (José María) Muscari. Entonces, me convencía trabajar con un amigo. Y bueno, tuve el respaldo de Fede, y me tiré.

-¿Te gustaba el carnaval antes? ¿Eras de ir a los tablados?

-Me gusta, siempre me gustó ir a ver murgas o parodistas, sobre todo. No soy de seguir a una murga en particular. Iba mucho al Defensor Sporting, porque era del barrio, pero después lo sacaron y me dio pereza ir a otro barrio. También fui alguna vez al del Buceo, frente al cementerio. Y al Teatro de Verano, cuando podía ir, para disfrutar de espectáculos completos. Me encanta.

-La historia que cuentan transita por las decisiones que debe tomar una mujer a lo largo de su vida. Un tema que dicho así parece simple, pero que no lo es…

-Y no decisiones simples, sino decisiones vulgares, que todas tenemos que tomar. Decisiones sumamente cotidianas. Lo que quiere aleccionar la obra en determinado momento es que no siempre algo se puede decidir tirando una moneda al aire. La protagonista, Ana, por ejemplo, se encuentra ante una situación cuando es niña: tira una moneda al aire frente a un niño al que todos les hacen bullying. ¿Qué hago? ¿Lo defiendo o me sumo a los otros a hacerle bullying y nos reímos todos? Cara es una cosa, cruz es la otra. A los 15 años -justo ahí la encarno yo- y mi novio se quiere acostar conmigo. ¿Qué hago? ¿Le digo que sí o le digo que no porque soy muy chica? Y bueno, lo que decimos, en determinado momento, cuando a ella la diagnostican con cáncer es que hay cosas que no se deciden tirando una moneda al aire.

-El título del espectáculo es Ana somos todos. ¿Por qué? ¿Qué tiene el personaje de Ana que encarnás vos y la actriz María Cristina Cabrera por lo que todos deberíamos identificarnos?

-Ese título lo puso Gustavo Pérez, en honor a su madre, que falleció de cáncer. Él creyó que contando la historia de una mujer común se puede inspirar a otros. Las decisiones que cuentan no son difíciles, pero sí lo es saber que tenés cáncer y pensar en algún momento: “Yo con esto no voy a poder, me voy a abandonar hasta dejar de respirar”. Él pensó: Ana somos todos. Te puede tocar, y si te toca, te toca. Es mostrar que nadie está libre, y ese título -homenajeando a su madre- fue como decir: “Esta historia bien puede ser la tuya o la de alguien que conocés”.

-Al personaje de Ana le diagnostican cáncer de mama, y la historia que cuentan versa sobre cómo aferrarse a la vida tras una noticia tan dura. ¿Cómo te interpeló a vos? ¿En algún momento pensaste: “Y si me tocara a mí, ¿cómo reaccionaría?”

-No, no, nunca se me ocurrió pensar que me podría pasar a mí. Es como la muerte. No puedo pensar en eso porque me enloquece. Yo no soy una persona muy analítica, no le meto mucha cabeza a eso. En “Ana somos todos”, la única referencia que tengo y me sensibilizó fue pensar en Clarita (Berenbau), porque tenía mucha amistad con ella. Me desgarró ver cómo se apagó… me desgarró. Cuando conecto mucha con Clarita, o me encuentro con Vicky Rodríguez, con quien hicimos un gran trío de amigas en el teatro, nos acordamos de Clarita, y nos ponemos a llorar. Por suerte en mi familia no tengo casos así de desgarradores. Sí siento que tenemos una responsabilidad enorme frente a Gustavo, porque nos eligió para que contemos la historia de su mamá. Por eso quiero que esté feliz con nuestro trabajo.

-Sobre el final, interactúan con el público y le dicen cómo tocarse para identificar algún bultito que pueda llegar a ser anormal. ¿Esa es la forma de compromiso social que adoptó La Compañía?

“No pienso en que hoy o mañana podría tener cáncer. En Ana somos todos, la única referencia que tengo y me sensibilizó fue pensar en Clarita (Berenbau), porque tenía mucha amistad con ella. Me desgarró ver cómo se apagó…”

-Sí, creo que Gustavo, de alguna manera, si puede evitar el dolor de alguien por la pérdida de un ser querido, trata desde ese lugar que la gente sea responsable y pueda descubrirlo a tiempo. Cuando Valeria Lima canta “Honrar la vida”, Gustavo es el que intenta caminar y sus bailarines intentan agarrarlo, como respaldándolo. Es una figura del carnaval, un referente de la revista. Hacer eso es dejar una semillita de: “No te boludees con tu cuerpo”, y además descontractura la tensión en un momento de tristeza.

-¿Lo de La Compañía fue novelería, o es de esperar que el febrero de 2021 te tenga también en este elenco? Quizás acá nació una nueva carnavalera…

-Ay, no sé, no sé, no lo puedo ni pensar… Tampoco lo descarto. Pero tampoco eso de que dice la gente: “Después que te metés en carnaval, no lo podés dejar”. No. Empecé tele y la dejé, estudié una carrera y la dejé, di clases y las dejé. Las cosas que quiero mantener son las vinculares, lo laboral va y viene toda la vida, y seguirá siendo así. No podría decir que si no hago tal cosa me muero.

-Después del final de Acá te quiero ver en VTV, volviste a Teledoce, pero en suplencias en Tarde o Temprano. ¿Hay planes de volver a la pantalla en algún programa propio?

-Sí, hay un plan divino. Se puede saber que se viene un programa divino, con todas caras locales, un programa de mujeres. Tiene una doble cara porque compartiríamos con hombres en un mismo formato determinado día. Es un formato que ya funciona en otro país, con mujeres muy poderosas, está bueno, es divertido. Un programa de entretenimiento, de charlas coloquiales, no es de humor armado. Pero no es un magazine, y no está en horarios diurnos, en un horario donde no se puede ver producción nacional. Hicimos un piloto y estuvo muy bueno. Si sale, creo que será un buen producto.

-¿Nunca te comprometiste o militaste en algún partido político?

-Jamás, jamás. Soy hija de un padre socialista, que desde que se fundó el FA lo siguió, y una madre blanca. Mi padre estuvo preso en la dictadura, tuvo amigos tupamaros… Tengo una sensibilidad especial por esa etapa, porque eso lo vivimos en mi casa. No estoy todo el tiempo despotricando contra las cosas malas que pasan en el país porque cada gobierno tiene sus luces y sus sombras. Los 15 años de gobierno del FA han tenido millones de cosas a destacar, no nos podemos olvidar. Pero creo que la alternancia nos puede hacer bien a todos. Me da pena que mucha gente esté pensando que se viene la noche. No lo entiendo, no lo puedo ver así. Me parece que no están pudiendo ver la realidad, pero lo respeto, porque quizás tienen miedo de perder derechos adquiridos.

Pero yo no me puedo considerar de un partido político, nunca, desde que voté la primera vez.

-¿Le tenés fe al nuevo gobierno?

-Le tengo fe a cualquier gobierno que empieza. Menos a algunos nombres atroces que pasaron por el gobierno del Uruguay. Le tuve a Jorge Batlle y nunca fui colorada. Claro que le tengo fe, si no le tengo fe al gobierno de mi país, no me tengo fe a mí misma.

-Bueno, no todos tienen esa apertura. Ya que hablábamos de carnaval, si escuchás algunas murgas, trazan un escenario apocalíptico de lo que se viene…

-Paaa, he escuchado algunas hablando súper violentamente, eso no lo entiendo… Me parece un canto a levantar masas al pedo, un llamado a seguir separándonos. Capaz que incitación al odio o incitación a la violencia es mucho, pero sí que se provoca ensanchar una grieta que había entre los uruguayos. Esto no sirve para nada. Como tampoco me gusta -y es gente con la que he estado rodeada, empresarios- que dicen “estos pichis de mierda, los mataría a todos”. Me da un asco terrible… Yo soy incapaz de hablar así.

“He escuchado algunas murgas hablando súper violentamente… Me parece un canto a levantar masas al pedo, un llamado a seguir separándonos. Capaz que incitación al odio es mucho, pero sí provoca ensanchar una grieta que había entre los uruguayos”

-Has dicho en alguna entrevista que de joven pensabas que tener hijos no eran para vos. Y hoy tenés dos hijas propias (Cayetana de 7 y Simona de 4), más dos de Fede Buysán. ¿Qué enseñanza te gustaría dejarles para el resto de sus vidas?

-La apertura, seguro. Yo estudié en el colegio Seminario, donde siempre nos hicieron mirar para el costado. Fijarse en la gente que menos tiene, que nació desamparada. Ahora en carnaval me voy a Manga, a Punta de Rieles, y las nenas viven en una burbuja, y yo no quiero que mis hijas vayan al colegio en la camioneta, se bajen y se piensen que la vida es esto: es Villa Biarritz, el Golf, el Ivy Thomas. Yo nací en Pocitos, pero vengo de una casa cultural y socialmente muy rica, con rasgos de generosidad absolutos. Yo quiero que mis hijas no le tengan miedo a nadie, no le tengan rechazo a nadie, que puedan enriquecerse con personas de distintos ámbitos. Que aprendan a entender, a mirar, a escuchar.

-¿Sos feliz?

-Sí, absolutamente. Tengo mucho más de lo que alguna vez soñé. No pensé que me iba a realizar en la maternidad, o que iba a estar tan enamorada de Federico, a encontrar un compañero tan generoso como él, que se banque mi personalidad y me ame como soy. Él me abrió todo un mundo que me suma un montón, y no me ha restado nada.

Fuente: Montevideo Portal

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