Así fue el momento en que dos exalumnos entraron a su escuela y mataron a ocho

Abrió la puerta de la escuela y con una mochila y una carpeta caminó unos pasos hacia la izquierda, tiró la carpeta y se puso de espaldas a un grupo de alumnos que conversaban a la hora del recreo.

Se dio vuelta y con sus dos manos agarró un revólver apuntó hacia ese grupo y empezó a disparar como si nada hacia ellos. Tres cayeron en el momento y él empezó a bajar corriendo la escalera que estaba a poquitos metros de ellos. Se sacó la mochila y bajó por la misma escalera para seguirlos.

Cinco segundos después llegó el otro con un arco y una flecha y dos mochilas. Dejó el arco y la flecha a un lado, puso una de sus mochilas en el piso, agarró un hacha y empezó a atacar a las tres personas que habían quedado en el piso a raíz los disparos del otro individuo.

Una adolescente apareció corriendo, la intentó agarrar, la golpeó pero pudo escapar. Luego empezaron a subir corriendo muchos más alumnos y por la misma puerta que habían entrado estos dos sujetos -que provocaron la muerte de ochos personas en un escuela de Brasil- lograron escapar del momento.

El momento del ingreso a la escuela de los dos exalumnos que mataron a ocho personas y luego se suicidaron fue difundido por la policía brasileña.

¿Quiénes eran estos exalumnos?

Guilherme Taucci Monteiro tenía 17 años y vivía con sus abuelos desde siempre, informa la revista brasileña “Veja”. La mañana del miércoles entró al centro educativo con una pistola calibre 38, mientras que su cómplice llevaba un arco. Como reserva guardaban bombas molotov y hachas.

Tres días antes del ataque, Monteiro amenazó a sus compañeros en un centro comercial. Les dijo “estén listos”. También mostró una conducta amenazadora en redes sociales. En un perfil de Facebook, donde se identificó como “William Alan”, subió una foto en la que aparece con una máscara y un arma, objetos utilizados en su ataque.

Un compañero de clases declaró al diario “Folha de S. Paulo” que Monteiro siempre decía que algún día repetiría la masacre de Columbine, ocurrida en 1999 en una escuela de Colorado, Estados Unidos.

El abuelo de Monteiro, quien evitó identificarse, dijo que el atacante nunca tuvo contacto con sus padres, dependientes de sustancias químicas. Vivía con él, sus dos hermanas y hasta hace poco con su abuela, ahora fallecida.

“Era un niño pequeño, no tenía problemas con las drogas y nunca me dio trabajo”, dijo. Pero también contó que fue despedido por su tío Jorge de la concesionaria en la que trabajaba cuando lo alcanzó con un disparo hace dos años.

El agresor se sometía a un tratamiento para la piel. Tenía vergüenza del acné que tenía. Una testigo del ataque y alumna del Raul Brasil declaró que él nunca sufrió de intimidación. Por su parte, el secretario de Educación, Rossieli Soares, dijo que el atacante nunca tuvo problemas de comportamiento en los dos años que estudió en el colegio.

Habría tenido la facilidad de ingresar a la escuela porque era considerado como un alumno “evadido”. Aunque la puerta estuviese cerrada, tendría acceso porque la institución aún estaba aceptando matrículas y tenía el derecho de reanudar sus estudios.

Durante el ataque, Monteiro y De Castro trataron de matar a la mayoría de estudiantes posibles. Cuando llegó la policía, ambos intentaban ingresar a una habitación trasera de la escuela donde se escondían decenas de alumnos. En lugar de enfrentar a las autoridades se suicidaron.

El cómplice

Según reportes de prensa, Luiz Henrique de Castro, de 25 años, habría planeado el ataque junto a Monteiro por cerca de un año y medio. La policía local encontró conversaciones entre los atacantes a través de mensajes de texto. Aparentemente, un familiar de este último descubrió la estrategia y tuvieron que eliminar evidencias.

De Castro fue quien alquiló el automóvil Onyx Blanco que se usó en la matanza. Esa era su parte de la primera parte del plan. Monteiro se encargó de comprar las armas usando el dinero que obtuvo de la venta de un carrito para panchos con el que trabajaba.

La familia de Luiz Henrique de Castro dijo estar perpleja por el ataque y posterior suicidio, según el abogado de ellos, Fabrício Tsutsui, indica un reporte de “Veja”. El atacante era conocido como alguien trabajador que se dedicaba a ser auxiliar de jardinería. La mañana del atentado salió como cualquier otro día, nunca dio el mínimo indicio de las intenciones que tenía.

Luiz Henrique trabajaba con su padre, dijo un tío de este, Américo José Castro. El martes pasado, ellos salieron juntos, pero a mitad de camino manifestó sentirse mal y se regresó. “Era un chico tranquilo, gustaba jugar con los amigos. Era corintiano, pero últimamente decía que se inclinaba para el Barcelona”.

Ese mismo día, el vecino de los atacantes, Bruno César, se encontró con Luiz y Guilherme. Los saludó como cualquier otro día. Eran los tres amigos y compañero de clases de Monteiro. “Nunca hablaron de armas”, dijo.
Pero el objetivo ya estaba trazado.

Fuente: El País

Comenta