Centro del INAU donde “los gurises se hacen pichí del frío”

INAU
La Institución de Derechos Humanos constató severas violaciones a los derechos de los jóvenes en desamparo ingresados en el Centro Tribal.

La Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) constató varias y graves vulneraciones a los derechos de los internos alojados en el Centro de Protección Tribal, dependiente del Instituto del Niño y el Adolescente (INAU).




El organismo realizó el 6 de abril una visita de seguimiento al local, que funciona como “puerta de entrada” al sistema de protección del instituto para niños y jóvenes en situación de total desamparo. Allí no deberían permanecer más de 45 días, hasta su derivación a algunos de los centros de permanencia de la institución.

Pero como allí la capacidad está colmada, es habitual que deban pernoctar en el Tribal por períodos prolongados que, en algunos casos, puede llegar a un año.

El día de la inspección, la directora del centro estaba con problemas de salud, por lo que el lugar estaba a cargo de la coordinadora general. Además era el día del Funcionario del INAU, por lo tanto había una reducción seria del personal para la atención directa.

La visita constató que allí vivían 51 adolescentes, varones y mujeres, lo que superaba ampliamente las camas disponibles. Durante la noche, se colocaban colchones en el piso en los espacios comunes de un edificio cuya capacidad es para 25 personas.

Se trata, según dijo la coordinadora, de una situación regular, ya que el centro no tiene límite en referencia a cuántos adolescentes pueden ingresar.

En las catorce entrevistas realizadas para el informe, todos los jóvenes coincidieron en la “incertidumbre y angustia” que les generaba no saber cuál sería su destino.

Varias de las chicas manifestaron que, frente a crisis emocionales que han experimentado, los educadores les dicen que “serán trasladadas al Vilardebó”.

Se verificó que algunas tenían cortes en sus brazos. Su explicación fue que querían llamar la atención para ser escuchadas. “No queremos ir al Vilardebó, nos cortamos porque estamos mal. Queremos salir”.

Según se expresó en las entrevistas, las situaciones conflictivas entre los internos son permanentes. Cada vez que se descubre el hurto de alguna pertenencia, las autoridades ordenan requisas generalizadas, algo que ocurre de forma bastante regular.

La sede de Tribal está ubicada en Cerro Largo y Fernández Crespo. Se trata de un edificio de dos plantas en las que se destacan las rejas en todas las puertas y ventanas, tanto interiores como exteriores.

Eso se da pese a que los internos no tienen conflicto con la ley. Todos están en situación de desamparo, que incluye un total abandono o pérdida de contacto con sus familias, tener a sus progenitores o responsables en prisión, haber sido víctimas de algún tipo de abuso o padecer de adicciones.

Un latón para bañarse

La INDDHH verificó múltiples déficits en su mantenimiento general: humedades en paredes y techos, filtraciones de una grasera de la cocina, aberturas en mal estado con vidrios rotos y baños en estado de deterioro.

En la planta inferior se ubica un local que pertenece al Ministerio de Salud Pública y que hoy está abandonado. Por ende se fue acumulando basura, el piso se inundó y ocasionó la proliferación de roedores.

La visita pudo verificar la presencia de olores desagradables provenientes de esa planta inferior.

El informe da cuenta de un solo baño y dos sanitarios para 20 varones, sin ningún sistema de ventilación. De acuerdo a lo afirmado por varios adolescentes, calentaban agua para bañarse en un latón, la cual muchas veces volvían a utilizar para otros baños.

Las mujeres no estaban mucho mejor: dos baños y una ducha para 31 jóvenes. En uno de ellos había un calentador instantáneo con resistencia y no contaba con sistema de desagüe, lo que provocaba la anegación del baño y el corredor cercano.

Cabe agregar que estos mismos baños también son usados por los 50 funcionarios que cubren los turnos en el centro, por lo que su uso estaba saturado.

En cuanto a equipamiento, el informe constató deficiencias en todo el centro. Solo se cuenta con un freezer y una heladera, por lo que se carece de capacidad para una correcta conservación de los alimentos.

Los varones afirmaron que no contaban con tazas ni vasos, por lo que utilizan tarros de plástico. Hasta hace poco, tampoco tenían cubiertos.

La visita verificó que en los dormitorios existían pocos placares, que estaban en mal estado. Los adolescentes señalaron que no cuentan con la ropa de cama necesaria. En especial, destacaron la carencia de frazadas y acolchados.

El informe subraya el testimonio de uno de los jóvenes. “Los gurises se hacen pichí del frío”.



Los internos allí alojados fueron enfáticos en la falta de materiales de estudio así como de vestimenta de abrigo, ropa interior y calzado. Las mujeres señalaron la carencia de artículos de higiene personal, que deben compartir entre ellas.

Todos los jovenes coincidieron en señalar la ausencia de una política recreativa en el Tribal. Pero las mujeres denunciaron a su vez una conducta de diferenciación con respecto a los varones.

Ellas dijeron que solo se las acompaña a una plaza cercana una vez al día. En cambio, para ellos, puede haber hasta tres salidas diarias. Incluso a otros destinos, como la rambla o el cine.

Viejos vs nuevos

La Institución también apuntó en su informe a la situación del personal que trabaja en el el centro.

El equipo de trabajo está conformado por 62 personas, de las que diez estaban certificados, cuatro habían sido trasladados y doce estaban en condición de “talleristas”, con un contrato que vence el 30 de junio.

Desde la coordinación se informó que se registra un alto grado de ausentismo, derivado de las malas condiciones laborales y la desmotivación.

Se señaló a su vez una relación conflictiva entre los funcionarios con más antigüedad y los de más reciente ingreso, los cuales los denunciaron ante el INAU por mala práxis, aspecto que viene siendo investigado.

“Ese lugar se debe cerrar”

La situación del Centro Tribal fue denunciada al Parlamento por el Sindicato de Trabajadores del INAU (Siunau), que visitó este miércoles la Comisión de Derechos Humanos de Diputados.

“El problema no es solo de superpoblación sino edilicio”, apuntó su presidente, José Lorenzo López. “Hay roedores, cucarachas y todo tipo de insectos”.

Se refirió al sótano inundado, asegurando que genera un problema infeccioso y sanitario para el resto del edificio.

“Se produce una violación permanente de los derechos de los niños y de los trabajadores” apuntó, señalando que se pidió la intervención de la Inspección General del Trabajo.

Según su colega Alberto Gil, el edificio nunca debió ser destinado a albergar jóvenes de este tipo.

“En la planta alta están las chiquilinas y hay una escalera caracol. No se ha matado ninguna porque no ha sido el momento. Solo tienen que arrimarse a una baranda que tiene un metro y medio y tirarse”, relató.

El funcionario citó la Convención sobre los Derechos del Niño y el Código de la Niñez y la Adolescencia. Allí se dice que los Estados tomarán la responsabilidad y brindarán salud, alimentación y protección integral. “Nada de esto pasa en el Centro Tribal”, aseguró. “Ese lugar se debe cerrar”.

Su colega Virginia Silvera integra la camada nueva de trabajadores. Ante los legisladores, relató la situación de una de las jóvenes allí ingresadas, que padece HPV.

“Yo soy mamá y es imposible trabajar en esas condiciones”, sostuvo. “El resto de las adolescentes corren riesgo de contagio, porque todas van al mismo baño, que no tiene agua caliente y muy poca higiene”, dijo.

Fuente: EcosUy



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